Javier Font vive con una tetraplejia a causa de un traumatismo cervical y preside FAMMA Cocemfe, la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de la Comunidad de Madrid. Desde esa doble condición —la de dirigente y la de persona que conoce la discapacidad en primera persona— lanzó en Tododisca una idea tan incómoda como reveladora: «La dependencia es un modelo de negocio para algunas empresas y para la propia Administración, que no permiten despegar a las personas con discapacidad hacia su propia autonomía personal».
La frase resume su forma de entender la vida y su trabajo. Font dirige una organización que, desde 1998, agrupa a 46 entidades y atiende cerca de 380.000 peticiones al año. Su objetivo, repite, no es tutelar sino liberar: «potenciar la autonomía personal de las personas con discapacidad» para que su vida «no dependa de terceros».
Lo que más define a Javier Font es su rechazo a la lástima. «La discapacidad no es sinónimo de tristeza», insiste. «La tristeza viene porque no hay recursos; el problema está en el entorno», que es el que dificulta una vida normalizada. Cuando esos recursos existen —pone como ejemplo la figura del asistente personal—, la persona dependiente, dice, pasa «del blanco y negro al color».
«La discapacidad no es sinónimo de tristeza»
Su discurso no ahorra críticas, tampoco hacia el entorno más cercano. Font señala el «paternalismo y la sobreprotección, en muchos casos familiar o institucional» como frenos para la independencia. Defiende que a una persona con discapacidad no debe contratársela por tener una discapacidad, «sino porque está preparada para desarrollar su trabajo». Y reconoce lo difícil que resulta para las familias «separar el cariño de la realidad», porque desde el afecto a veces se rebaja el listón que cada persona necesita para integrarse plenamente.
De ahí una de sus advertencias más contundentes: no se puede «convertir a personas con discapacidad en personas minusválidas», entendiendo ese término como el resultado de rebajar las expectativas. Font aspira a que las familias sean «el estímulo» y no la muleta, y a que la sociedad elimine barreras arquitectónicas, porque, dice, «es un derecho que te lleva a otros derechos».
Para lograrlo, FAMMA impulsa programas de vida autónoma y herramientas como la aplicación APER, que busca el mejor perfil de asistente personal para cada caso. Su método, subraya, es «hacer un traje a medida, no enjuiciar a nadie y colaborar en todo lo que se pueda».
Puedes leer todas sus reflexiones en la entrevista que le hicimos en Tododisca, donde Font resume en una sola palabra la receta hacia la inclusión: normalidad.




