La inclusión y la discapacidad son dos conceptos que no siempre van de la mano; al menos, tanto cómo deberían ir y como, especialmente, divulgan las grandes empresas a la hora de apostar por el talento de personas con alguna condición que pueda resultar limitante.
En lugar de adaptar el puesto de trabajo o facilitar las herramientas necesarias para que esa persona con discapacidad pueda desempeñar su capacidad laboral a pleno rendimiento y contribuir al crecimiento de la compañía, generalmente se suele rechazar a ese tipo de candidato.
Así lo ha expuesto Guillermo Pelegrín mediante sus redes sociales (@guille.pelegrin), un joven ciego que ha denunciado una situación de discriminación en una reciente entrevista de trabajo. Todo se torció cuando este posible candidato comunicó su discapacidad visual, momento en el que la inclusión desapareció de la ecuación.
¿Inclusión o paripé?
Como es normal, Guillermo Pelegrín ha estallado en redes sociales ante la desagradable situación que le ha tocado vivir ante una oportunidad laboral que parecía ser un salto cualitativo en su trayectoria profesional. Tal es así que se pregunta si las empresas apuestan por la inclusión firmemente o sólo a modo de «paripé«.
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En esta línea, este joven ciego recalca que «estoy cansado de que nos llenemos la boca de hablar de inclusión y que luego no la pongamos en práctica«. Su entrevista de trabajo, explica, era para una «Fundación muy conocida que trabaja con infancias vulnerables» de la que no cita nombre para evitar «linchamiento en redes sociales».
Tras recibir Pelegrín la beca de excelencia académica deportiva de la Comunidad de Madrid, esta empresa se interesó por los servicios que podría desempeñar Pelegrín en la compañía, por lo que se puso en contacto con él. «Me ofrecieron un trabajo de becario de seis meses, prorrogable a un año», explica.
Guillermo aceptó las condiciones y el siguiente paso fue concretar una entrevista presencial para conocer más a fondo en qué consistiría el trabajo, concretar los horarios y poder entablar la primera conversación con los que serían -presuntamente- sus futuros compañeros.
Pero todo se torció. «Les envié un correo diciéndoles que soy un chico ciego y que no tengo ningún problema para trasladarme», pero que sí tiene algunas dificultades como, por ejemplo, «encontrar un telefonillo al que llamar». Son «cosas que nos pasan a los ciegos«, detalla Pelegrín.
Ser ciego hizo saltar todas las alarmas
«Siento muchísimo el no poder darte en este momento la oportunidad», Así finaliza el correo que la empresa del tercer sector escribió a Guillermo Pelegrín para denegar su candidatura. El motivo reside en que trabajan con un «software que funciona con lector de pantalla que presenta muchos compartimentos» e iba a complicar el desarrollo de este joven ciego en el servicio.
La teoría de Guillermo es que «no tenían ni el tiempo ni los recursos para adaptarme el puesto de trabajo ni para ofrecerme esta experiencia». De hecho, agrega que «no me ofrecieron una llamada, ni que les pasase mi currículum ni que fuese a la entrevista a que me hicieran un prueba».
Ante esta tesitura, Pelegrín respondió a la empresa alegando que, a pesar de intentar entender los motivos, «no era una práctica propia de una entidad del tercer sector cuyos valores deberían estar en línea con la inclusión, la igualdad de oportunidades o con la accesibilidad«.
Finalmente, Guille anima a las personas con discapacidad a que «no nos callemos y sigamos luchando porque no nos discriminen». También emite un mensaje a las empresas, especialmente del tercer sector: «Si predicáis la inclusión, por lo menos ponedla en práctica».
