Con 23 años, la vida de Alejandra Jaramillo (@pandaaleja23) ha estado notablemente pautada por la discapacidad auditiva que sufre desde que era una niña de apenas dos años de edad. Una caída fue el motivo de su posterior sordera.
Ahora, echando la vista atrás y recordando el proceso de convivencia con la sordera, Jaramillo ha estado ligada a cirugías, terapias, incomprensión, bullying y una lucha constante «por sentirme aceptada en una sociedad que muchas veces no entiende la discapacidad invisible«.
Como ella misma se define, es «hipoacúsica, sorda y usuaria de implante coclear desde hace 20 años». Sin embargo, esta condición no le ha frenado en su deseo de ser artista y fotógrafa profesional: «Mi voz también está en mis manos, en mi arte y en mi corazón».
Vivir con discapacidad auditiva desde los 2 años
Alejandra recuerda cómo fue el momento en el que perdió la audición: «Mi mamá me llamó tras escuchar un golpe fuerte contra la mesa; me hablaba, pero yo no escuchaba nada, no reaccionaba». En ese instante, el miedo se apoderó de su casa.
Rápidamente, sus padres llevaron a la pequeña al hospital. Allí, un especialista revisó a Alejandra y confirmó el diagnóstico que nadie quería saber: «Su hija es sorda«. Aquellas palabras cambiaron, para siempre, «la vida de toda mi familia«, reconoce.
Tras el ‘shock’ inicial, los padres de Jaramillo optaron por una arriesgada pero consciente decisión, pensando en el desarrollo de la pequeña y en su futura calidad de vida: «Realizarme una cirugía de implante coclear en el oído derecho». Rememora que fue el día 29 de abril del año 2005, y aquella intervención duró tres horas «de miedo, esperanza y nerviosismo«.
Desde aquel momento, acompañada de por vida de su implante coclear, debido a la discapacidad auditiva, y de un esfuerzo inmenso y el apoyo incondicional de su madre, aprendió a escuchar, hablar y enfrentarse a un entorno donde muchas veces se sintió sola. Pero nunca se rindió.
Del mismo modo, recuerda con especial ‘cariño’ el 5 de junio del mismo año, cuando activaron el implante por primera vez y Alejandra pudo volver a escuchar las palabras de su madre: «Me quedé asustada, sorprendida y confundida; era la primera vez que el mundo hacía ruido dentro de mi«.
Su padre no aceptó la Lengua de Signos
A pesar de su breve edad en aquel momento, tras la intervención que le convirtió en usuaria de implante coclear, Alejandra comenzó las sesiones de «fonoaudiología» y las lecciones para aprender a interpretar Lengua de Signos, con el objetivo de poder comunicarse.
Siendo la pequeña de la familia, Jaramillo indica que sus hermanos mayores, oyentes, se volcaron en la recuperación de Alejandra tras la discapacidad auditiva; su madre, del mismo modo, fue la persona que más le apoyó en todo este proceso: «Recuerdo perfectamente lo extraño que era descubrir los sonidos por primera vez».
Sin embargo, su padre «nunca aceptó realmente la lengua de señas«, admite Alejandra. «Él quería que fuese ‘normal’, que hablara perfecto. No le gustaban las señas porque creía que era algo feo o extraño«, lamenta.
Esa situación causó una gran decepción en esta joven, que asegura que «mientras mi mamá comprendía que yo necesitaba apoyo, paciencia y comunicación, mi papá insistía en que debía aprender solamente a hablar». De hecho, Jaramillo no pudo acudir a un colegio para personas sordas, lo que derivó en circunstancias muy complicadas para aquella niña que fue.
Sin embargo, ahora, con el orgullo inmenso de ser quien es, Alejandra «transformó el dolor en arte, el silencio en identidad y la dificultad en fortaleza» para convertirse en fotógrafa y artista.






