‘Teatinos – Universidad’ es el undécimo de los once distritos que componen Málaga capital. Como su nombre permite augurar, es el barrio donde el campus universitario tiene su sede y, por tanto, el lugar donde la mayoría de estudiantes que acuden a la capital de la Costa del Sol para formarse de cara a su futuro profesional se afincan. Los establecimientos hoteleros abundan en la zona y ya se preparan para el ocio nocturno del ‘juernes‘, un concepto presente entre los jóvenes como un híbrido que abarca las últimas horas del jueves y el inicio del fin de semana.
Este distrito, no obstante, también se ha desarrollado notablemente en los últimos tiempos, edificando grandes urbanizaciones y dando la bienvenida a nuevas familias que han apostado por este núcleo urbano de Málaga, adhiriéndose a quienes ya vivían allí con anterioridad. Miguel Galera es un joven de 24 años y vecino de este barrio que, a la hora pactada y con puntualidad suiza, atiende a un equipo de Tododisca, que será testigo de cómo un diagnóstico de lesión medular incompleta puede impulsar a vivir una vida en plenitud y agradecimiento.

La camiseta blanca que luce Miguel lleva escrita dos palabras que bien podrían resumir su mirada ante la vida: ‘Good Perceptions’ –buenas percepiciones-. Tras un breve intercambio de pareceres, bajo el sol primaveral que ya hace acto de presencia en Málaga y una bella luz que se alza sobre el Palacio de la Justicia de la capital, Miguel Galera comienza a citar algunos de los nombres propios que tienen un lugar especial en su corazón y que más le han apoyado desde el momento de su lesión, con mención especial a sus ‘dos familias‘: la biológica y la que sí se elige, que son sus amigos. Sin embargo, su ahijada Daniela será la culpable de que a su padrino se le ilumine el rostro cada vez que cite su nombre.
«Rendirse sería una falta de respeto a las segundas oportunidades; he dejado de preguntarme ‘por qué a mí’ para empezar a preguntar para qué’ y tal vez sea para demostrar que no hace falta caminar para avanzar».
Miguel, «una vida muy feliz»
Hijo de Inmaculada y Francisco desde el 18 de mayo del 2001, Miguel se define como «una persona muy familiar y muy, muy de mis amigos». Esas amistades, precisamente, elevarían el significado de la palabra a la enésima potencia tras el accidente que derivaría en una lesión medular en el protagonista de esta historia. Sentados en un banco mientras el tránsito de personas paseando no es escaso, Galera detalla que el deporte ha estado siempre presente en su vida, a la vez que recuerda su infancia, una etapa en la que «fui muy feliz».
Ahora, a escaso tiempo de cumplir el primer cuarto de siglo de vida -25 años- este malagueño dedica su vida profesional al marketing y a la creación de contenido para redes sociales. En bachillerato ya anhelaba poder ganarse su propio dinero y se lanzó a un desconocido mercado laboral: «Empecé con pequeños emprendimientos, después estudié el Grado Superior pero que fuese online, para que pudiese trabajar a la misma vez«. Miguel es un currante. También vivió dos años en Canarias, lo que reforzó su idea sobre la concepción de la familia y los amigos.
«Soy persona que disfruto trabajando y esforzándome, ya sea en el gimnasio o con un emprendimiento; ahora tengo las ideas aún más claras lo que son preocupaciones y lo que no».
Sin embargo, la vida de Galera iba a dar un giro importante y de 180º para «tener las ideas todavía más claras lo que son preocupaciones y lo que no«. Una lesión medular incompleta iba a ser el desencadenante. Pero ese diagnóstico no le iba a restar ni un ápice de entusiasmo para tildarse como «una persona que disfruto trabajando y esforzándome, ya sea en el gimnasio o con un emprendimiento; me gusta disfrutar con mis amigos y mi familia». De hecho, aquella situación cree que le ha hecho «ser otra persona» tras vivir uno de los episodios más complejos que alguien puede experimentar, tanto a nivel físico como a nivel mental; en su historia, Miguel ha aceptado, comprendido y tolerado la discapacidad para volver a empezar de nuevo esta aventura llamada vida.
2 de febrero de 2025
Era domingo. Desde esa fecha, Miguel vive con la premisa y casi la ‘obligación’ impuesta por él mismo de cumplir cada día la promesa ‘eterna’ que se hizo a su ‘yo’ y su amigo Guille: vivir la vida y exprimir cada segundo. El 2 de febrero de 2025 es un ‘rojo’ en el calendario de este malagueño, recordando que fue el instante en el que comenzó a vivir con una lesión medular: «La discapacidad es como cualquier otra cosa; es algo con lo que tienes que saber cargar, más que estar pensando todo el rato en ella», precisa Galera. «De golpe y porrazo», su vida cambiaría para siempre y pasaría a ser usuario de silla de ruedas para ser embajador de un concepto que él mismo divulga: «La disCAPACIDAD«, porque «si tuviera que definir la discapacidad en una palabra pondría ‘dis’ en minúscula y ‘capacidad’ en mayúscula».
Esa teoría reside en que Miguel está siendo capaz de lograr todo lo que se propone, a pesar de las limitaciones: «Si me dicen de ir a correr, no voy a ir a correr,», bromea. En cualquier caso, a pesar de la situación que le ha tocado atravesar siendo un joven de 24 años, Galera siente más motivación incluso para hacer una vida lo más parecida a la que tenía antes: «Se supone que estoy en silla de ruedas y hay muchas cosas que me deberían echar para atrás y aún así las hago». Y lo hace con un grado de discapacidad reconocido del 75% y tras haber pasado ocho meses ingresado en hospitales, de los que 13 días fueron en la Unidad de Cuidados Intensivos.

De hecho, su situación revestía una extrema gravedad, además de la lesión medular, por su sistema digestivo: «Tenía el bazo y el colon reventados; tengo seis anastomosis en los intestinos». Tras lograr estabilizar el estado de Galera, los médicos le derivaron al Hospital Muñoz Cariñanos de Sevilla para comenzar la rehabilitación, donde permaneció hasta el mes de septiembre. Sin embargo, recuerda los momentos de ‘bajón’ que tuvo a lo largo del proceso y recalca la importancia de ponerse en manos de profesionales para salir de esos momentos de debilidad mental: «Pedir ayuda a un profesional no solo es importante, es vital. Ponerse en manos de un especialista es el mayor acto de valentía. En su caso, igualmente, vuelve a insistir en la importancia la familia y de las amistades que supo elegir, «porque me he dado cuenta de que es más complicado estar en las buenas que en las malas situaciones».
«A raíz de la lesión he aprendido a ocuparme de los problemas y no a preocuparme; a vivir el presente porque hay un futuro incierto que tal vez nunca llegue».
Ver la discapacidad como una capacidad
La lesión medular fue un importante revés en la vida de Miguel Galera: tenía 23 años y miles de sueños por cumplir. Pero esos ‘miles’ deseos permanecen intactos; de hecho, se han multiplicado por dos debido a esa ‘eterna promesa’ que dignifica el verdadero significado de la palabra amistad. Refugiado en su familia y amigos a modo de ‘antidepresivo’, este joven también cita a su ‘yo’ de pequeño y a su ahijada Daniela como principales vías de motivación, sin olvidar la imprescindible faceta que tiene el deporte a modo de refugio. Pádel y fútbol, generalmente, eran sus dos modalidades favoritos, incluso llegó a competir en la Segunda División nacional de Fútbol Sala.
Agradecido por «la segunda oportunidad que me han dado», Miguel vive «el presente con expectativas de futuro«, citando el emprendimiento, el deporte y ver a Daniela crecer como principales metas de ‘hoy y mañana’. Con un testimonio admirable sobre aceptar una verdad que nadie desea en forma de discapacidad, Miguel ha sabido tornar esta situación en una habilidad para crear nuevas oportunidades, tratando de esquivar las barreras que se enfrenta en su camino de la vida con la mejor de las sonrisas y divulgando que «la actitud positiva, el saber desconectar y reír a carcajadas es lo que de verdad me llena de vida». Lo hace. Y contagia.
«La vida puede darte un giro de 180° cuando menos te lo esperas, enseñándote de golpe lo frágil que es todo aquello que damos por sentado. Pero si algo te sostiene cuando todo lo demás cambia es la familia y amigos».
Así comenzó su papel en redes sociales, donde rápidamente comprobó que «me ayudo ayudando». Ahí, en estas plataformas, valora la fragilidad de la vida y lo valiosa que es, mientras enseña que «el camino ahora es distinto y más difícil, pero la fuerza es aún mayor. Rendirse no es una opción, vamos a seguir luchando, día tras día. Juntos». A lo largo de esta conversación, Galera deja constancia de una madurez impecable y de una mente privilegiada para salir adelante con la valentía, naturalidad y pundonor que le definen, con la idea de que «no quería ser una carga para nadie ni una persona dependiente».
Autonomía e independencia
Mantenerse fuerte de de brazos y de tronco es el ‘secreto’ de Miguel para «poder hacer el resto de cosas que con las piernas no te tiran». Por tanto, el deporte es es el ingrediente de Galera para seguir alcanzando la mayor independencia y autonomía posible: «Uno de los aspectos que más me hundía a nivel psicológico era el hecho de ser una persona dependiente». En este sentido, Tododisca será testigo de la facilidad que este malagueño ha desarrollado para pasar de su silla de ruedas a cualquier otra superficie por sí mismo, pero nada es casualidad: ahí se ven «los frutos» de su esfuerzo y compromiso en el hospital y en la pasión de cada día para ser un poco mejor.
Así, reconoce que los conceptos de «autonomía e independencia son dos palabras bastante importantes para personas que tienen este tipo de lesión». En su caso personal, admite «ir siempre predispuesto a buscar una solución» ante posibles barreras que pongan en jaque la accesibilidad del entorno, a pesar de las veces en las que tiene que desistir, pero con la sonrisa que le caracteriza: «Si hay un bordillo insalvable y nadie me puede ayudar no hay problema: me pongo mi musiquita si voy sólo y busco otra alternativa«. Aun así, sí destaca que la inclusión va siguiendo el camino que la juventud le va marcando: «Hay mucha iniciativa en la gente joven que han visto la importancia de facilitar la vida a personas en silla de ruedas».

Como cierre de este reportaje, Miguel Galera, un joven del barrio de Teatinos de Málaga que próximamente cumplirá los 25 años, lanza un mensaje a personas que conviven con una lesión medular en busca de una aceptación ante la falta de respuestas a tantas preguntas: «Les diría que se tomen tiempo sabiendo que siempre hay luz al final del camino». También anima a apoyarse en las personas «que sí están, en los que te ayudan y no te compares con nadie». Él tiene la suerte de tener una familia y amigos «espectaculares», la vida, de tenerle a él.
«Hay mucha iniciativa en la gente joven que han visto la importancia de facilitar la vida a personas en silla de ruedas; si hay un bordillo insalvable y nadie me puede ayudar, me pongo mi musiquita y busco otra alternativa».




