El Juzgado de lo Social ha reconocido a Rocío, que trabajaba como camarera, el derecho a cobrar una incapacidad permanente total. Después de dos negativas por parte del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), ha conseguido la incapacidad laboral permanente por la vía judicial.
La profesión de camarero exige cargar peso, caminar y pasar la jornada laboral de pie. Así, Rocío empezó a desarrollar una serie de patologías que le generaron una serie de limitaciones para su profesión habitual.
Limitaciones para mantenerse de pie y caminar
Poco a poco, con el paso del tiempo, Rocío comenzó sentir dolor en la rodilla y posteriormente en el pie. Tras someterse a diferentes pruebas, le diagnosticaron las siguientes dolencias:
- Condropatía rotuliana.
- Fascitis plantar.
- Síndrome miofascial.
A pesar de esta situación, los dolores y las limitaciones a la hora de desempeñar su trabajo, Rocío continuó intentando desarrollar su actividad laboral con normalidad. Sin embargo, la realidad le sobrepasaba y llegó un momento en el que ya no podía más.
Debido a ello, Rocío decidió solicitar el reconocimiento de una pensión de incapacidad permanente. El Instituto Nacional de la Seguridad Social le denegó la incapacidad permanente, obligando a Rocío a seguir trabajando.
La abogada Marina Alaminos explica que «la Seguridad Social decía que podía seguir trabajando, como si una camarera no tuviera que pasar horas caminando y de pie. Como si el dolor no existiera».
Buscó ayuda para luchar por la incapacidad permanente
Frente a la primera denegación por parte del INSS, Rocío decidió buscar ayuda para luchar por la incapacidad permanente. Entonces, se puso en contacto con el despacho de la abogada Marina Alaminos para que estudiara su caso.
Tras analizar los informes médicos y la situación de Rocío, Alaminos consideró que «sus limitaciones eran incompatibles con la profesión de camarera». Y es que esta trabajadora no podía caminar y estar de pie durante una jornada laboral, con las pertinentes exigencias que implica la profesión de camarero.
Primeramente, Marina Alaminos presentó una Reclamación Previa por la vía administrativa, aportando documentación médica y justificando por qué Rocío cumplía con las condiciones para tener derecho a cobrar una incapacidad permanente. A pesar de ello, el INSS volvió a denegar el recurso.
Alaminos tenía muy claro las limitaciones que presentaba Rocío, por lo que continuó con su caso a través de la vía judicial. Al respecto, esta abogada especialista en incapacidad laboral argumenta que «en el juicio defendimos algo muy evidente: una camarera necesita caminar, permanecer de pie y cargar peso. Rocío ya no podía hacer esas cosas sin sufrir dolor».
Finalmente, el juez del Juzgado de lo Social le ha reconocido el derecho a cobrar una pensión de incapacidad permanente total para su profesión habitual al entender que sus limitaciones son incompatibles con la profesión de camarero. Además, el INSS no recurrió, por lo que la sentencia es firme.
Este caso pone de manifiesto que lo importante no es únicamente el diagnóstico, sino las limitaciones que ocasionan determinadas patologías en la capacidad de trabajar de la persona en cuestión. Por ello, la profesión es un factor determinante en cualquier procedimiento de incapacidad permanente.
