El periodo de gestación de Leonardo fue completamente normal, sin nada que pudiese augurar que, en el momento del nacimiento, el pequeño presentara 47 cromosomas y, por tanto, comenzase su particular aventura acompañado del síndrome de Down o Trisomía del 21.
Sin embargo, a pesar de las lógicas situaciones de incertidumbre iniciales, los padres de este pequeño aseguran que, por encima de cualquier diagnóstico, Leo es «un bebé curioso, risueño y lleno de ganas de descubrir el mundo». Ellos le acompañarán en ese camino.
Ahora, con la intención de divulgar, explicar y dar visibilidad al síndrome de Down, esta familia comparte en redes sociales (@mas_amor_que_cromosomas) cómo es convivir con esta alteración genética: «Con la información correcta cambiaremos la manera en que miramos está condición».
Eliminar prejuicios respecto al síndrome de Down
La llegada de Leonardo al mundo estuvo condicionada por la presencia del síndrome de Down. Sin embargo, esta característica ha impulsado a sus padres a explicar esta condición para darle todo el reconocimiento que merece y, por supuesto, tratar de eliminar prejuicios hacia el colectivo.
«Mucha gente piensa que los niños con síndrome de Down sufren mucho», indican los padres de Leo. A su vez, responden que «sí, existen retos, hay terapias, citas médicas, miedos y días difíciles. Pero también hay muchísima felicidad real«.
De acuerdo con esta familia, una vez que la Trisomía del 21 aparece, lo hace en compañía de «una vida llena de amor, alegría, travesuras y momentos increíblemente felices». Por ello, estiman que «si acabas de recibir el diagnóstico de tu bebé, respira: el miedo del inicio no será para siempre«.
Los padres de Leo, poco a poco, fueron aprendiendo a «dejar de ver un diagnóstico» para empezar a ver a su propio hijo: «Sus gustos, su personalidad, sus ocurrencias y la manera tan única en la que ilumina todo». Esa es la adaptación a una condición genética inesperada.
Finalmente, aseguran que «el síndrome de Down no nos quitó la capacidad de disfrutar la vida ni de ser feliz» y advierten que «a veces el verdadero sufrimiento viene de los prejuicios que la sociedad les pone encima antes siquiera de conocerlos».
Amor antes que respuestas
El diagnóstico de síndrome de Down que trasladaron los médicos a los padres de Leo lo resumen como si el mundo se hubiese detenido en ese instante. «El embarazo fue perfecto. Hubo palabras médicas que pesaban hasta para respirar», recuerdan.
Esa sensación quedará para siempre grabada en la retina de estos padres que, pese a ese miedo inicial, reconocen que ‘su’ verdadero mundo cambió «mil veces más la primera vez que le vi sonreír«.
Esa sonrisa no borró el miedo de inmediato, pero sí ayudó a comprender que tener un hijo con síndrome de Down no es «ninguna tragedia», sino «el inicio de una historia distinta, una historia donde el amor llegó antes que las respuestas, donde aprendí que no tenía que saberlo todo para empezar».
Por tanto, con el poso y la tranquilidad de la experiencia, la familia de Leo comparte su historia y relación con el síndrome de Down para visibilizar esta condición, reconocerla y acompañar a padres en una situación similar a la que atravesaron ellos.






