Ser una persona dependiente es una realidad que todo el mundo desea esquivar, por lo que es recomendable actuar con prudencia, cautela y responsabilidad en determinadas circunstancias que pueden derivar en esa amarga situación. Otras veces, sin embargo, la vida es la que decide y no hay más remedio que la aceptación.
De la misma manera, la propia edad y el normal envejecimiento de la población supone la pérdida de funciones físicas, motoras e, incluso, cognitivas. No obstante, también hay personas que por su propia naturaleza no pierden esa actividad a medida que van cumpliendo años, sino que se van adaptando a ciertas limitaciones.
Y, si llegado el caso, las personas mayores, generalmente el colectivo más vulnerable y más dependencia necesita, ruega ayuda o apoyos, nadie mejor que la familia para atender esas limitaciones y brindarle apoyo. María Marante, una joven licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, lo ejemplifica con su propia abuela.
Recuperación de una abuela de 87 años
Cumplir años es señal de salud, siempre que sea adecuada y permita llevar una calidad de vida en consonancia con los deseos de la persona. Por ello, cuando las personas mayores soplan las velas, es buen momento para tomar conciencia y agradecer todo lo que, seguramente, han aportado en nuestras vidas y devolverle tanto bien.
María, desde su papel de profesional del deporte, ha tenido un precioso gesto con su propia abuela, de 87 años de edad, prestándole atención y poniendo en práctica sus conocimientos para ayudarle en la recuperación física y cognitiva tras un siniestro vial. Y así han querido compartirlo en redes sociales.
Hace escasamente dos años, la abuela de esta joven deportista fue víctima de «un accidente grave de tráfico que la llevó a estar mucho tiempo dependiente«, motivada por la presencia de múltiples fracturas y otras complicaciones en su vida. Todo ello, además, sumado al componente de la longevidad.
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A nivel cognitivo, explica María, «también fue un gran paso atrás debido a una hemorragia y parar de golpe su vida ‘normal'», una realidad que azota con fuerza a este colectivo, especialmente a personas que, llegados a esa edad, continúan siendo independientes y autónomos en su vida diaria, queriendo exprimirla hasta el último segundo.
Desde el momento del accidente, debido a la gravedad del impacto, los médicos no eran optimistas sobre la posibilidad de que esta paciente volviese a caminar por sí misma. Ahora, a pesar de que no ha recobrado una vida idéntica, su nieta María se ha encargado de que vuelva a esbozar la mejor de sus sonrisas.
Nunca es tarde para empezar
Tras la esperada noticia del alta médica, la abuela de María Marante por fin pudo regresar a casa, aunque consciente de que quedaba por delante un largo camino de recuperación y de sesiones de rehabilitación. Efectivamente, no fueron sencillas, pero claro que merecieron la pena.
De nuevo en su casa y rodeada de su familia, esta abuela se enfrentó a «muchos meses de rehabilitación»; más tarde, María, su nieta, encontró la oportunidad para «poner en práctica muchos ejercicios para mejorar su capacidad funcional y función cognitiva: «Hace mucho más que andar«, detalla.
Ahora, dos años después del accidente de tráfico, se han visto resultados: «Es lo que se consigue con constancia, trabajo de fuerza, funcionalidad y la ayuda de profesionales de verdad», cita María en redes sociales, con especial mención a médicos, fisioterapeutas y educadores físico deportivos.
Finalmente, esta bonita historia entre una abuela de 87 años y su nieta María, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte permite aseverar que «pase lo que pase, nunca es tarde para empezar y siempre se puede mejorar aunque sea un poco».




