La Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia y que constituye un recurso clave para garantizar la libertad de elección y la participación plena en la sociedad contempla la figura de la asistencia personal, un factor determinante para el colectivo de la discapacidad.
Hablar de asistencia personal no es hablar de cuidadores; es una figura que trasciende más allá y fomenta la autonomía, la independencia y la participación social de las personas con discapacidad o en situación de dependencia. Es un salto cualitativo en la vida de quienes lidian con tantas realidades de este calibre.
Así, de acuerdo con la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de la Comunidad de Madrid –FAMMA– se trata de «una herramienta fundamental para favorecer la vida independiente y la inclusión social de las personas con discapacidad». Es, sin duda, un beneficio notable en favor de una vida plena.
Autonomía de personas con discapacidad
A pesar de su extraordinaria capacidad para fomentar y promover la autonomía de personas con discapacidad, la figura del asistente personal continúa siendo una de las prestaciones menos extendidas y conocidas dentro del catálogo de la Ley de Dependencia, según informa Cocemfe de la Comunidad de Madrid.

Esta teoría coincide con los datos obtenidos por el Instituto de Mayores y Servicios Sociales –IMSERSO– en un estudio recogido en el mes de julio de 2025, que dictamina que «de las más de 168.000 personas beneficiarias de prestaciones y servicios de dependencia» en la Comunidad de Madrid, «únicamente alrededor de 550 cuentan con asistencia personal reconocida».
Actualmente, la mayoría de las ayudas siguen girando alrededor de los cuidados en el entorno familiar o a la atención en centros, «modelos que resultan valiosos pero que en muchos casos pueden limitar el derecho de las personas a decidir cómo, dónde y con quién quieren vivir», indican desde FAMMA.
Por tanto, el asistente personal no es un cuidador, sino una figura realmente imprescindible para constituir, desarrollar y sostener la libertad de elección y la participación plena en la sociedad de las personas con discapacidad o con movilidad reducida. Esta entidad, por su parte, reclama «mayor despliegue y una cobertura suficiente» respecto a la asistencia.
Desde tomar un café hasta el aseo personal; de la vida social al fomento de actividades y explosión de talento. Ese es el intervalo en el que se mueve y oscila el trabajo de la asistencia personal. No se trata de limitar, sino de aumentar el bienestar y la calidad de vida del colectivo de la discapacidad o dependencia para disfrutar en igualdad de oportunidades.
Libertad y oportunidades
Javier Font, presidente de FAMMA Cocemfe Madrid, aboga porque la asistencia personal es «un derecho que ayuda a que cada persona pueda desarrollar su proyecto de vida con la mayor independencia posible«. De esta manera, se vuelve a poner en valor la posibilidad de fomentar la autonomía y la dignidad de cada persona.
Así mismo, el propio directivo insiste en que «hablar de asistencia personal es hablar de autonomía, libertad y oportunidades«. De hecho, la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad «reconoce la asistencia personal como un instrumento esencial para garantizar el derecho a la vida independiente«, detalla FAMMA.
Una estructura bien configurada alrededor de la asistencia personal «permitiría que las personas con discapacidad dispongan de las mismas oportunidades de participación, elección y libertad que el resto de la ciudadanía, contribuyendo a una sociedad más justa e inclusiva«.




