«¿Cómo te imaginas que es dejar de ver?». Esa pregunta es la que Facundo Bogarín, un joven con discapacidad visual, ha formulado a través de redes sociales. No es una adaptación sencilla, rápida ni inmediata, pero sí es necesaria. No obstante, cada persona tiene sus propios ritmos, pautas y necesidades.
A lo largo de esta publicación, en la que Bogarín aparece caminando acompañado de su bastón, herramienta indispensable para la seguridad y confianza de personas ciegas o con algún grado de discapacidad visual, este hombre comentará cómo es el proceso de pérdida de visión.
Del mismo modo, expone que los inicios siempre son complicados y que las facilidades brillarán por su ausencia; igualmente, todo dependerá de la actitud y del entorno que acompañe a esa persona afectada: «Sí, dejarías de ver. ¿Pero que más te pasaría?», engloba Facundo.
Adaptación a una discapacidad visual
A la hora de perder la vista, las personas que comienzan a convivir con discapacidad visual comienzan a desarrollar la habilidad de explotar otros sentidos. No obstante, también necesitan una serie de adaptaciones para su ‘nueva’ vida: bastón, braille o pavimento podotáctil son algunas de ellas.
Sin embargo, nadie mejor para hablar y explicar ese proceso de adaptación que quienes se han tenido que enfrentar a esa situación. Facundo Bogarín es una de esas personas que puede hablar desde su propia experiencia: «Al principio vas a experimentar un cambio enorme«, advierte.
Los sentimientos más recurrentes al inicio de este proceso estarán ligados a la «tristeza e incluso depresión«, indica Bogarín sobre la discapacidad visual. También detalla que «te va a costar realizar tus actividades más habituales» y quizá haya quien piense «que nada tiene sentido«. Serían un comportamiento humano.

«También puede surgir el miedo de pensar que nadie te va a querer más», menciona este joven; al mismo tiempo, lanza un mensaje de cierta tranquilidad: «Nada es tan terrible como parece» y asevera que, con el paso del tiempo, la adaptación a ese ritmo de vida acaba llegando.
Así, a medida que el cuerpo y la mente se van relacionando con la discapacidad visual y la ausencia de ese sentido, aparecerán nuevos logros en forma de cocinar, trabajar o estudiar, que son actividades que se realizaban anteriormente. Ahora, únicamente requerirán más tiempo y alguna posible adaptación para realizarlas.
Actitud y entorno
Ya sea de manera congénita o sobrevenida, la discapacidad visual supone un importante revés en la vida de quienes conviven con ella, siendo extensible este sentimiento a cualquier otra condición. Sin embargo, como insiste Facundo Bogarín, la actitud para enfrentarla y el entorno más cercano son aspectos esenciales.
De hecho, avisa que es probable que haya personas que se alejen, pero Bogarín lanza un importante consejo: «Déjalas ir, con el tiempo vas a poder generar nuevas amistades; vas a poder amar y, si quieres, vas a poder formar hasta una familia«.
Del mismo modo, también se desarrollará la habilidad de sortear y esquivar obstáculos, tanto en la vida real, físicamente, como aquellos que residen en la mente, en las miradas y en las palabras de quienes no están relacionados con la inclusión de personas con discapacidad.
Bogarín estima que, efectivamente, la discapacidad visual supone «una transformación grande», pero también confirma que «la vida está hecha de cambios«. Él ha tenido que pasar por ese importante proceso de adaptación para vivir sin poder ver para, ahora, ser una persona de referencia en este sentido.




