Leo es un pequeño ‘guerrero’ de 10 años de edad que tiene parálisis cerebral, consecuencia de un nacimiento prematuro. Su familia le tilda de ‘espartano’ (@leo_espartano2015) por su valentía, resiliencia y superación ante la discapacidad, aunque, eso sí, afirman que los días están llenos de «sonrisas y gamberradas«.
Sus padres, Elena y Pedro, comparten la historia de su vida mediante las redes sociales, un espacio que sensibiliza y visibiliza la parálisis cerebral y enseñan como es la convivencia con esta condición. La tarde del 24 de diciembre de 2015, Leo llegaría al mundo en la semana «26 + 1» de gestación.
Ese «regalo de Navidad» que fue para su madre entró en quirófano por primera vez antes de cumplir el primer mes de vida debido a que «sus pulmones estaban muy afectados». El 24 de enero del siguiente año, Elena pudo, al fin, «cogerle en brazos por primera vez«, recuerda. La historia de Leo y su familia es aprendizaje, aceptación de un diagnóstico y muchas sonrisas.
La vida de Leo con parálisis cerebral
La parálisis cerebral, ese diagnóstico que «abarca tantas cosas y tan diversas que es imposible entender, y aunque a veces piense que no es para tanto, sigue estando ahí dándonos disgustos», expone Elena, madre de Leo, en redes sociales. Desde que era apenas un bebé, el pequeño ha vivido entre terapias y hospitales.
Cuando Leo nació, tuvo que pasar los primeros cinco meses en la Unidad de Cuidados Intensivos -UCI- del centro sanitario donde su madre había sido atendida: su familia, precisamente, comenzó a «adaptarse a los cambios, y eso que aun quedaba mucho por saber». Pero sabían que, fuera como fuese, iban a hacerlo juntos.
El 28 de mayo de 2016, la esperanza y las buenas noticias parecían dejar verse por la ventana de aquella habitación de hospital: fue el día que Leo recibió el alta. Pero fue un espejismo: nueve días más tarde «tuvimos que volver de urgencias porque se había colapsado su pulmón izquierdo», relata Elena.

Por tanto, con el paso de los días, esta familia adquirió la conciencia necesaria para entender que «los principios fueron duros, pero no estábamos dispuestos a parar«. A pesar de ello, la «bomba» estaría aún por llegar y tendría nombre y apellido: parálisis cerebral. Las palabras de aquella doctora enmudecieron a Elena porque «era la primera vez que alguien pronunciaba ese diagnóstico»
Una vez que salieron de esa sala, Elena y Pedro no tuvieron más remedio que mirar hacia delante con el optimismo que les caracteriza, aunque también cuidando su propia salud mental, reconocen. Pero dieron con una tecla importante: «Aceptar el diagnostico de Leo fue un paso muy importante, porque eso le ayudó a avanzar más«.
Un recorrido de aprendizaje
Con el diagnóstico de parálisis cerebral en la mano, la familia de Leo comenzó a buscar información para dotar al pequeño ‘espartano’ de la mejor calidad de vida posible. Ahora ya tiene 10 años, aunque a medida que ha ido creciendo, «más patente se hacen sus dificultades».
Aun así, cada pequeña ‘victoria’ es un gran avance y las evoluciones que observan Elena y Pedro «nos motivan mucho». Sin embargo, su principal barrera es la física: «No se mantiene sentado, no se mantiene de rodillas, no se mantiene de pie»; sí ha «pegado un gran avance a nivel cognitivo», exponen.
Ahora, esta familia convive con la discapacidad mediante un diagnóstico de parálisis cerebral. Desde esta posición, han trabajado por y para el bienestar de Leo y se han movido en redes sociales para enseñar al mundo que se puede seguir mirando hacia delante y que la inclusión es un derecho para todas las personas.
Aunque el camino es duro y complejo, Leo puede respirar tranquilo por saber que sus padres, Elena y pedro, y sus hermanos, siempre van a rodearle para ofrecerle el sentimiento más importante, que es el amor: «Tengo demasiados momentos en mi memoria, dolorosos y alegres, pero todos son un continuo aprendizaje«,




