Me llamo Francisco Zuasti. Llevo 18 años con una lesión medular completa a nivel cervical y tengo una discapacidad del 90%. En los primeros días tras la lesión —como creo que le ocurre a muchos compañeros— uno se pregunta qué sentido tiene vivir en estas condiciones. Tu vida se paraliza, igual que tu cuerpo, y la dependencia de otras personas genera frustración y un fuerte impacto mental.
El caso de Noelia, la joven de 25 años que, si nada cambia, recibirá hoy la eutanasia, me ha conmovido profundamente. Y me surge una pregunta difícil: ¿cómo es posible que se haya autorizado este final teniendo como base una lesión medular?
Cuando uno analiza su situación personal, seguramente hay muchos motivos detrás. Motivos complejos, íntimos y respetables. Pero también existen tratamientos, apoyos y herramientas que pueden ayudar a tener una vida, quizá no perfecta, pero sí mejor.
No pretendo juzgar su decisión —nadie está en su mente ni en su piel—, pero sí plantear una reflexión: ¿son las causas suficientes para llegar a este final? ¿Se está dando por hecho que determinadas situaciones de salud mental conducen inevitablemente a ello? ¿O es la propia lesión medular —en su caso incompleta y a nivel dorsal— la que se está tomando como motivo determinante?
En España se registran cada año alrededor de 1.000 nuevos casos de lesión medular, que se suman a más de 100.000 personas que ya viven con ella. A nivel mundial, millones de personas convivimos con esta realidad. Y sí, muchos hemos pensado alguna vez lo mismo que planteaba al inicio: ¿merece la pena seguir?
La lesión medular te quita, pero también te enseña, te transforma y te obliga a valorar la vida desde otra perspectiva. No es fácil, nunca lo será. Pero no debería convertirse en un motivo para morir. Hay vida —más o menos accesible, con más o menos dificultades—, pero hay vida. Y, como en cualquier otra situación o patología, existen terapias y apoyos que ayudan a vivirla de la mejor manera posible.
No quiero que estas palabras se interpreten como un juicio hacia Noelia. No lo es. Solo pido, con respeto, que no se señale la lesión medular como la causa que justifica una eutanasia. Me preocupa que, en esos primeros días tras el impacto de una lesión, ese mensaje pueda convertirse en un detonante para otras personas que atraviesan ese mismo abismo.
Descansa, Noelia.




