Hasta los 17 años de edad, Estel Agost (@estelagost) andaba perfectamente por sí misma y podía hacer su vida con total normalidad. Sin embargo, una operación por un fibroma en el fémur derecho iba a desencadenar un largo proceso que daría paso a la discapacidad.
Aquel fibroma fue diagnosticado a los 8 años de edad, pero «vieron que había crecido bastante y me dijeron que debía operarme para evitar una fractura del hueso en cualquier ‘caída tonta'», relata Angost. Por ello, en el año 2021 pasó por quirófano para poner punto y final a ese capítulo.
Nada más lejos de la realidad. Después de la operación, esta joven apenas podía efectuar el movimiento de doblar la rodilla más allá de 30º, por lo que la discapacidad era limitante y su capacidad para caminar estaba en jaque. «Así estuvimos un tiempo hasta que otro médico privado me dijo que tenía el síndrome de Südeck«.
La idealización de la discapacidad
A pesar de su juventud, Estel Agost habla con la madurez que la vida se ha encargado que presuma a estas alturas. Siendo usuaria de silla de ruedas, relata mediante redes sociales como ha sido el paso de la bipedestación a la sedestación forzada tras aquella operación que le originó la discapacidad.
Es consciente de que, especialmente en redes sociales, «tendemos a idealizar constantemente a la persona que hay detrás de la pantalla», como si se tratara de algún ser inalcanzable o con una personalidad abrumadora a la que se debiera obedecer en cada palabra.
Generalmente, esa persona debe cumplir los requisitos de «ser inspiradora, fuerte o trabajadora». Sin embargo, «cuando se tiene discapacidad, normalmente, o das pena o eres una superheroína«, explica Agost sobre los dos extremos que se citan en estas ocasiones.
Ante esta tesitura, Estel ha querido normalizar la discapacidad y rebajar las expectativas que existen sobre su constante idealización. «No siempre soy fuerte y no siempre estoy bien», aclara esta joven sobre cómo es su vida con el síndrome de Südeck.
Del mismo modo, precisa que «no siempre tengo ganas de visibilizar y no siempre consigo dejar a un lado el dolor«, Expone que «también me canso, me frustro y me enfado con mi cuerpo y con todo lo que implica vivir en él». Y esas sensaciones originan un pensamiento que, por supuesto, «también está bien«.
Ser feliz con la vida de ahora
Con 18 años, Estel Agost conoció el término ‘discapacidad‘ y pasó a convertirse en usuaria de silla de ruedas. Hoy todavía recuerda a ‘aquella’ niña con ternura y cariño, pero valora la mujer en la que se ha convertido y cómo ha derribado todas las adversidades que se han presentado en su camino.
«Me enorgullece ver todo lo que he crecido, y aunque las cosas se pongan difíciles, aunque muchas veces dude de mí misma, aunque otra gente me haga dudar y decidan por mí, sé, que soy capaz de todo lo que me proponga», detalla Agost sobre su forma de ver la vida.
La vida idílica de Estel parecía haber finalizado el día que se tuvo que sentar por primera vez en la silla de ruedas. En ese momento, todos los sueños y objetivos pudieron haber desaparecido, pero nunca fue así. Es una persona feliz con la vida que tiene, «aunque mis condiciones no sean las mejores», explica.
Así mismo, manda un mensaje al resto de la sociedad: «Si no aprendemos a querernos con lo que somos, siempre habrá algo que podamos cambiar y mejorar; cuando dejas de idealizar una vida diferente a la de ahora, te das cuenta que no necesitabas nada más para ser feliz«.




