Desde los 32 años, Lidia Obispo (@algotienequecambiarya) convive con el diagnóstico de tres enfermedades invisibles, motivo por el que decidió lanzarse al mundo de las redes sociales, con la intención de mostrar esta realidad y dar voz a personas en una situación similar a la suya. Hoy ya está en la barrera de los 40 ‘primaveras’.
De acuerdo con el testimonio de esta joven, las enfermedades invisibles son aquellas que «no aparecen en las pruebas diagnósticas, no tienen tratamiento eficaz y no tienen cura«. Ella lleva en esta tesitura desde el año 2019, sin encontrar una posible solución.
En su propia historia de vida, Obispo detalla que las enfermedades que padece y tiene diagnosticadas son fibromialgia grave, síndrome de fatiga crónica / encefalomielitis miálgica severa y sensibilidad química múltiple. «Antes era una chica sana; ahora llevo una vida no normativa llena de rutinas preventivas», lamenta Lidia.
La realidad de las enfermedades invisibles
Lidia Obispo es licenciada en Comunicación Audiovisual y ostenta un máster de espectáculos en vivo, como ella misma detalla mediante sus redes sociales. Precisamente, su presencia en estas plataformas se debe al deseo de alzar la voz para visibilizar personas con enfermedades invisibles.
Mientras estudiaba su titulación, Obispo informa que también trabajó como locutora de radio y en el ámbito de la producción en conciertos y festivales. Sin embargo, en el año 2019 «mi vida se paró en seco«, indica. Debido a las complicaciones y limitaciones de estas enfermedades, Lidia no ha podido volver a la actividad laboral.
La «vida normativa» que conocía se esfumó para siempre, por lo que ha decidido poner voz a la realidad de tantos pacientes que, como ella, viven con la incertidumbre y falta de empatía alrededor de las enfermedades invisibles: «Hoy sé que fue una buena decisión».
No obstante, aquellos inicios no fueron realmente sencillos de lidiar, donde las dudas, el miedo al ‘qué dirán’ y la ausencia de comprensión se hacían fuertes; sin embargo, el convencimiento y la necesidad de reivindicar estas patologías pesó más: «No podía seguir sin mostrar la realidad y decidí exponerme«.
Ahora, Lidia Obispo es capaz de narrar cómo es vivir con tres enfermedades invisibles en primera persona, siendo capaz de crear una comunidad que comparte su mensaje y algunos de sus diagnósticos pero, esencialmente, su interés por seguir reivindicando y dando voz a esta realidad.
Justicia, humanidad y conciencia
El discurso de Lidia no sólo es reivindicativo, sino también divulgativo y ciertamente explicativo para que la sociedad tome conciencia de qué son y cómo se comportan las enfermedades invisibles: «Afectan a todos los niveles», como personal, social, laboral, cognitivo. físico y psíquico e incluso emocional.
Por ello, denuncia que el «motor» que le impulsa a reclamar mayor investigación sobre las enfermedades invisibles es que, a su juicio, «el sistema está roto«. Por ello, denuncia que «las injusticias que vivimos por parte de las administraciones y por profesionales de la salud deben desaparecer«.
Así mismo, reclama que los pacientes de enfermedades invisibles «necesitamos un presente más justo, más humano y más conscientes, por nosotros y por los que vendrán». Y, por supuesto, Lidia también exige mayor inversión en investigación.






