La depresión es la patología que más veces ha terminado en una incapacidad permanente absoluta entre los casos que ha sacado adelante en 2026 el abogado Víctor Arpa, especialista en esta materia. Así lo ha explicado el propio letrado en su cuenta de Instagram, donde ha contado que revisó «todas las incapacidades absolutas» conseguidas este año por su bufete y que el resultado sorprende a mucha gente: por delante de enfermedades físicas y oncológicas, el trastorno depresivo ocupa el primer puesto de su clasificación particular.
Cabe recordar que hablamos de la experiencia de un despacho concreto, no de una estadística oficial de la Seguridad Social. Aun así, el dato resulta significativo porque la salud mental sigue arrastrando la idea de que «no se ve» y de que pesa menos que una lesión física a la hora de valorar la capacidad para trabajar.
Las enfermedades que más incapacidades absolutas han dado en su despacho
Según el orden que ha compartido Arpa, el listado de patologías que más veces han desembocado en una absoluta durante 2026 queda así:
- Depresión.
- Fibromialgia y fatiga crónica.
- Esclerosis múltiple.
- Migraña crónica.
- Problemas graves de columna.
- Cáncer.
Llama la atención que dolencias con enorme impacto físico, como el cáncer o las patologías de columna, aparezcan por detrás de cuadros psiquiátricos y de enfermedades que durante años han tenido difícil encaje en los tribunales, como la fibromialgia o la fatiga crónica.
Qué es exactamente una incapacidad permanente absoluta
La absoluta es el grado que la Seguridad Social reconoce al trabajador cuyas limitaciones le impiden desempeñar cualquier profesión u oficio, y no solo la suya. No se trata de cambiar de puesto ni de adaptar tareas: se parte de que ya no cabe actividad laboral alguna.
Ese reconocimiento lleva aparejada, con carácter general, una pensión contributiva equivalente al 100% de la base reguladora. Es decir, se cobra el importe íntegro que resulta de la fórmula de cálculo, sin los recortes porcentuales que se aplican en grados inferiores. Además, esta prestación cuenta con un tratamiento fiscal propio y está exenta de tributar en el IRPF en los términos que fija la normativa, lo que en la práctica aumenta el dinero que llega cada mes al bolsillo del pensionista.
El aviso de Arpa: no existe una lista de enfermedades que den derecho a la pensión
Aquí está, según el abogado, el gran malentendido. Muchas personas creen que la incapacidad depende del nombre de la enfermedad que figura en el informe médico, cuando lo determinante son las limitaciones funcionales que esa enfermedad provoca.
La Seguridad Social no dispone de un catálogo de patologías que, por sí solas, abran la puerta a la absoluta. Tener un diagnóstico de depresión, de fibromialgia o de cualquier otra dolencia no garantiza nada de forma automática. Lo que se valora es hasta qué punto los síntomas anulan la capacidad del trabajador para rendir en un empleo.
En el caso concreto de la depresión, el reconocimiento dependerá de la gravedad del cuadro, de su evolución en el tiempo y de cómo afecte a las facultades necesarias para trabajar: concentración, memoria, iniciativa, relación con otras personas o simple constancia en la jornada. Con las enfermedades físicas y neurológicas ocurre exactamente lo mismo.
Los informes, la pieza que decide el expediente
De ahí que el trabajo probatorio sea decisivo. El diagnóstico debe ir acompañado de pruebas e informes médicos que acrediten, de forma objetiva, las consecuencias del padecimiento sobre la vida laboral: seguimiento por especialistas, tratamientos pautados, ingresos, recaídas o pruebas complementarias, según el caso.
Asimismo, dos personas con la misma etiqueta diagnóstica pueden recibir respuestas distintas del tribunal médico o de un juzgado. No hay contradicción: lo que separa un expediente de otro es el grado de deterioro acreditado, no el nombre de la enfermedad.
A pesar de ello, la clasificación que ha difundido Arpa apunta a un cambio de fondo en la valoración de la salud mental. Que la depresión encabece las absolutas logradas por un despacho especializado sugiere que los cuadros psiquiátricos graves, bien documentados, están ganando terreno frente al viejo prejuicio de que solo el daño visible incapacita.




