La directora general del Imserso, Mayte Sancho, ha definido como una «fecha histórica» la reforma de la Ley de Dependencia, un cambio normativo que, según ha explicado a través de los canales oficiales del organismo, supone «un avance» y «una apuesta por la autonomía» de las personas. La responsable del Instituto de Mayores y Servicios Sociales ha ido más allá al enlazar ese concepto con un principio de fondo: apostar por la autonomía es, en sus palabras, avanzar por la dignidad de las personas. La nueva norma agiliza trámites, prioriza los cuidados en el hogar y refuerza la figura del cuidador.
Sancho ha resumido así el alcance de una reforma que el propio Imserso presenta como una transición hacia un sistema sustentado en los derechos, la autonomía y la atención personalizada. Es decir, un marco en el que la persona atendida deja de ser un sujeto pasivo del sistema para decidir, en la medida de lo posible, cómo y dónde quiere ser cuidada.
«Realmente es un avance y es una apuesta por la autonomía».
Un modelo que se adapta a la persona, y no al contrario
La idea que vertebra el nuevo planteamiento es sencilla de enunciar y compleja de ejecutar: los cuidados deben ajustarse a la vida de cada persona y no obligar a la persona a ajustarse a los cuidados disponibles. Sobre ese principio se apoyan los tres ejes anunciados: más apoyos en el domicilio, menos burocracia y mayor capacidad para combinar servicios distintos.
El objetivo declarado por el organismo es que quien se encuentra en situación de dependencia pueda seguir viviendo en su casa y cerca de su entorno habitual siempre que sea posible y siempre que así lo desee. Cabe recordar que ese deseo —permanecer en el domicilio— ha sido durante años una de las reivindicaciones más repetidas por las familias y por el propio movimiento asociativo de la discapacidad.
Más apoyos en el domicilio y menos alternativa única
Para una persona dependiente, el cambio más tangible está en el refuerzo de la ayuda que puede recibir sin salir de casa. La reforma amplía el catálogo de servicios y busca que las prestaciones puedan combinarse de forma más flexible según las necesidades de cada momento.
La consecuencia práctica es relevante: cuando las necesidades de cuidado aumentan, el traslado a un centro residencial deja de ser la única salida sobre la mesa. En cambio, se abre la puerta a reforzar la atención domiciliaria y a sostener esa permanencia en el hogar durante más tiempo.
Asimismo, el diseño parte de una realidad que hasta ahora encajaba mal en los procedimientos administrativos: la dependencia no es un bloque uniforme. Una misma persona puede necesitar apoyo para determinadas tareas y conservar plena autonomía para otras, y esa situación puede variar con el paso de los meses.
La asistencia personal y la vida independiente ganan peso
Otro de los apartados reforzados es el de la asistencia personal, junto a los servicios orientados a mantener la vida independiente y el vínculo con la comunidad. El Imserso ya había situado entre los objetivos de la reforma tres elementos concretos:
- La libertad de elección del lugar de vida.
- La personalización de los cuidados.
- El apoyo a la vida independiente.
Con todo, el nuevo texto establece un marco legal y aporta más recursos, pero el verdadero examen llegará en la aplicación. El reto pendiente es que la reforma se traduzca en la vida cotidiana: que quien necesita ayuda no tenga que esperar meses para recibirla y que pueda decidir, dentro de sus posibilidades, cómo y dónde quiere vivir.



