Fernando es un ciudadano español que trabajaba como contable. Sin embargo, a sus 52 años, su vida cambió para siempre tras sufrir un ictus. Después de un largo periodo de lucha, ha logrado el reconocimiento de una pensión de incapacidad permanente absoluta a través de la vía judicial.
Su trabajo como contable le exigía constantemente concentración, memoria y organización durante la jornada laboral. Fernando sobrevivió al ictus, aunque las secuelas del mismo tuvieron un impacto importante tanto en su vida personal como en su vida profesional.
El INSS le obligaba a trabajar a pesar de las secuelas
Los primeros meses tras el ictus fueron especialmente duros para Fernando, teniendo que pasar por un proceso complejo de rehabilitación para recuperar algunas de sus capacidades. Así, la abogada Marina Alaminos explica que «poco a poco comenzó a mejorar. Volvió a caminar con autonomía, recuperó gran parte de la movilidad y podía mantener una conversación».
Parecía que su recuperación iba bien, pero su familia empezó a detectar ciertas secuelas relevantes. Por ejemplo, olvidaba cosas que acababan de decirle, perdía el hilo de las conversaciones o necesitaba mucho más tiempo para procesar una información. Así, sus mayores secuelas se manifestaron a nivel cognitivo.
Desde el momento que sufrió el ictus Fernando permaneció de baja médica en su trabajo para centrarse específicamente en su rehabilitación. Después de un largo periodo de baja laboral, el INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social) analizó su situación y rechazó el reconocimiento de una incapacidad permanente en cualquier grado.
Frente a la denegación de la incapacidad permanente, Fernando decidió buscar ayuda especializada y contactó con la abogada Marina Alaminos para que estudiara su caso y las posibilidades de obtener el reconocimiento de una pensión de incapacidad.
Tras estudiar su situación, Marina Alaminos lo tuvo claro y comenta que «se habían fijado en su recuperación física, pero sus verdaderas limitaciones estaban en aquello que no se veía». Por todo ello, decidieron recurrir mediante Reclamación Previa poniendo el foco en las secuelas cognitivas.
El Juzgado de lo Social le reconoce una incapacidad permanente absoluta
El INSS volvió a rechazar la Reclamación Previa, por lo que la única opción que quedaba era la vía judicial. Al respecto, Alaminos argumenta que «en el juicio conseguimos acreditar el verdadero alcance de sus secuelas. Sus problemas de memoria, atención y planificación hacían que necesitara más tiempo, cometiera errores y se bloqueara ante tareas que exigían cierta complejidad».
Para Fernando el problema no era regresar a su antiguo puesto de trabajo como contable, sino poder mantener cualquier actividad laboral con un mínimo de regularidad y eficacia. Sus secuelas cognitivas le impedían desarrollar una actividad profesional con las mínimas exigencias.
Así, la juez del Juzgado de lo Social comprendía que Fernando no podía realizar ninguna actividad laboral. Por ello, la resolución judicial establece el reconocimiento de una pensión de incapacidad permanente para toda profesión. De este modo, adquiere el derecho a cobrar una pensión con una cuantía equivalente al 100% de su base reguladora y exenta de tributar por el IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas).