Joaquín ha dejado una nota en el parabrisas de un coche que había aparcado en la puerta de su casa, un acceso adaptado y señalizado con línea amarilla. Su queja pone voz a lo que viven a diario miles de personas con movilidad reducida y sus familias.
Hay mensajes que no necesitan mucho más que un folio y un rotulador para llegar a miles de personas. Es lo que le ha ocurrido a Joaquín, padre de Julia, una niña con parálisis cerebral y movilidad reducida, que compartió en 2024 en sus redes sociales, a través del perfil jj_runningteam, la nota que dejó en el coche de un conductor que había estacionado justo delante de su vivienda.
El vehículo estaba aparcado en la puerta de su casa, un acceso que Joaquín ha adaptado para su hija y que está señalizado con línea amarilla. El resultado: la silla de Julia no cabía y tuvo que cogerla en brazos para poder entrar.
La nota de Joaquín que se ha hecho viral
Escrita a mano y con letras mayúsculas, la nota de Joaquín es directa: «Hola, mi nombre es Joaquín y soy el padre de Julia, una niña con parálisis cerebral. Aparcar donde no debes me ha hecho tener que cargarla a peso por no caber su silla. Espero que nunca pases por eso».
Pero lo que más ha llamado la atención es el mensaje que acompaña a la imagen en su publicación. En él, Joaquín se pregunta por qué tiene que sentirse culpable de avisar a la Policía cuando le bloquean un acceso que él mismo ha adaptado y señalizado. Una reflexión que ha conectado con miles de usuarios: la publicación supera el millón de visualizaciones y acumula más de 12.000 ‘me gusta’.
Entre las respuestas, muchas personas con discapacidad y familiares han compartido experiencias similares. Y es que, lejos de ser un caso aislado, es una escena que se repite cada día en calles de toda España.
Una situación que sufren tanto las personas con discapacidad como sus familiares
Cuando un conductor ocupa una plaza reservada, un vado o un acceso adaptado sin tener derecho a ello, el problema no lo tiene solo la persona con movilidad reducida. También lo sufren los familiares y acompañantes, que son quienes en muchos casos conducen, montan y desmontan la silla de ruedas o, como en el caso de Joaquín, tienen que cargar a peso con la persona para poder llegar a su destino.
Pero por qué leches tengo yo que sentirme culpable de avisar a policía porque me pongan un coche en la puerta de casa que la he adaptado y está señalizada con línea amarilla y tenga que cargar a Julia porque la silla no quepa?es que mira que soy tonto leches https://t.co/tAitZFmxkD
— jj_runningteam (@JRunningteam) August 11, 2024
Para una familia como la de Julia, unos pocos metros de más no son una molestia sin importancia. Suponen más esfuerzo físico, riesgo de caídas o lesiones tanto para la persona como para quien la ayuda, y una pérdida de autonomía que no debería producirse si se respetaran los espacios reservados.