¿Se puede ser una persona ciega y, a la vez, trabajar en el mundo de la arquitectura? La respuesta es sí y Sandra Dajnowski es el ejemplo de ello. Aunque en un momento parezca complicado de entender, la realidad es que esta profesional ha encontrado las maneras de adaptarse a su profesión.
Consecuencia de un desprendimiento de retina, Sandra perdió la vista hace algo más de una década. Desde su entrada en el colectivo de la discapacidad, visual en este caso, esta también conferenciante ha adquirido el papel de divulgadora de la accesibilidad universal, defendiendo que es un derecho que beneficia a todas las personas.
De hecho, la propia Dajnowski tiene que hacer uso de ese concepto de accesibilidad tanto en su rutina laboral como en la vida diaria, acompañada de un bastón para personas ciegas o con discapacidad visual que le supone una gran herramienta para desarrollar su autonomía personal e independencia.
La accesibilidad, fundamental para la autonomía
Las personas con discapacidad se enfrentan cada día a una eterna batalla burocrática y social que persigue, por fin, la instalación completa de la accesibilidad y de la inclusión en todas las áreas sociales. Sólo bajo el paraguas de estos dos términos se podrán eliminar etiquetas y derribar barreras que, hasta ahora, se antojan complicadas.
De esta manera, Sandra Dajnowski también aboga por normalizar la discapacidad de cualquier índole. Ella perdió la vista y se ha adaptado a una nueva forma de vida, pero manteniendo firme los estándares de los que gozaba: participación social, su trabajo como arquitecta y su entorno cercano, que es de gran ayuda.
En esta línea, esta arquitecta indica que la accesibilidad es «necesaria para todos», pero «fundamental para algunos». Igualmente, valora que «es un pilar fundamental para garantizar la igualdad de derechos y la autonomía de todas las personas, especialmente aquellas con discapacidad».
La independencia y el desarrollo personal son dos de los grandes objetivos a los que aspira la propia Sandra, guiada por su bastón debido a su ceguera. Ella, en la mayoría de ocasiones, se considera alguien autónoma y con habilidad de sortear obstáculos, físicos y mentales, pero no todo el mundo desarrolla esa capacidad.
Por ello, más allá de las barreras arquitectónicas, «la accesibilidad también requiere derribar obstáculos en la comunicación y promover cambios de actitud que limitan la participación». Apostar por medidas accesibles no es simplemente un gasto, sino que se trata de «una inversión» para el beneficio social.
Perder la vista, pero no la esencia
El carácter de Sandra es auténtico. Merece la pena encontrar historias como las de esta profesional de la arquitectura que, pese a carecer del sentido de la vista debido a un desprendimiento de retina, siempre encuentra las maneras de disfrutar de la vida, evitar las lamentaciones y ofrecer un discurso de resiliencia.
También de superación, aceptación y, especialmente, de valorar lo que realmente es la vida: «Siempre hay algo que a uno le gusta y le puede hacer feliz«. Además, esta conferenciante revela que perdió su capacidad de ver apenas un año después de experimentar la maternidad, no pudiendo disfrutar del crecimiento de su hijo.
O haciéndolo de otra manera. Porque Sandra no duda en exponer que «perdí mis ojos, pero no he permido mi esencia«. Ha vivido una situación «muy traumática» de la que ha logrado sobreponerse, reconstruirse y encontrar nuevas formas de seguir adelante, incluso en los momentos más difíciles.




