Amalia Caravaca, presidenta de Plena Inclusión Ceuta, ha puesto cifras y nombre a un problema que está vaciando su centro: «hay un gran número de usuarios que no están viniendo por miedo». La entidad, que atiende a más de 150 personas con discapacidad intelectual y del desarrollo, ha tenido que suspender salidas y actividades por la falta de seguridad que denuncia desde finales de julio, según ha explicado el 9 de septiembre de 2026 en declaraciones recogidas por la agencia Servimedia.
El efecto no es solo asistencial. Cuando una persona con discapacidad intelectual deja de acudir a su centro de referencia, se interrumpen los apoyos, la rutina y los programas de autonomía sobre los que se sostiene su vida diaria.
Robos nocturnos y actividades canceladas
La entidad, situada en la barriada Juan Carlos I, ha registrado accesos nocturnos con hurtos y pintadas, y también entradas a los vehículos de la organización, en uno de los casos con el vaciado de un extintor. Caravaca ha relatado uno de esos episodios: «Afortunadamente, como tenemos la alarma conectada directamente con la Policía Nacional, fueron a verificar y ellos salieron corriendo».
La consecuencia práctica ha sido replegarse puertas adentro. El programa de verano, que incluía la playa adaptada del Trampolín y salidas culturales, se ha sustituido por actividades dentro del edificio. «No es lo mismo disfrutar de la naturaleza y de la playa que estar dentro de un centro, pero no nos ha quedado más remedio», ha señalado la presidenta. El programa de autonomía personal que la entidad desarrolla en la vivienda de Loma Colmenar también se ha visto alterado.
«Las familias nos han manifestado que tienen miedo»
El temor de las familias es el que está detrás de las ausencias. «Las familias nos han manifestado que tienen miedo por la falta de seguridad», ha explicado Caravaca en relación con los desplazamientos autónomos, es decir, los trayectos que muchos usuarios hacían solos hasta el centro como parte de su proceso de autonomía.
Ese es el punto crítico. La autonomía personal se entrena precisamente en la calle: coger el autobús, recorrer un itinerario conocido, gestionar un imprevisto. Si el entorno deja de percibirse como seguro, ese aprendizaje se detiene y la persona retrocede a una dependencia que había superado. Cabe recordar que la organización trabaja con un colectivo que, como ha subrayado la presidenta, presenta una «mayor vulnerabilidad ante cambios bruscos».
Qué pide la entidad
Plena Inclusión Ceuta ha trasladado tres peticiones concretas. La primera, una mayor presencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la zona. La segunda, «seguridad privada en la entrada del centro», una demanda que ha hecho llegar a Cermi Ceuta. La tercera, vigilancia en los desplazamientos de los usuarios.
Mientras tanto, la entidad permanece, en palabras de su presidenta, «en alerta» ante posibles nuevos incidentes. Es una situación que condiciona la programación de todo el curso, porque las salidas y las actividades comunitarias son parte del método de trabajo, no un extra recreativo.
Una red que sostiene derechos, no solo servicios
El caso ilustra hasta qué punto los derechos reconocidos sobre el papel dependen de que la persona pueda ejercerlos en su entorno. Un grado de discapacidad reconocido abre la puerta a apoyos, plazas y prestaciones, pero la inclusión real se juega en la calle y en la continuidad de los programas. La propia organización activó recientemente un programa específico de apoyo en Ceuta para reforzar esa red.
Asimismo, el episodio se cruza con una batalla de fondo que la confederación viene librando desde hace años: la de la percepción social del colectivo, sobre la que Plena Inclusión lanzó una campaña para denunciar los prejuicios hacia las personas con discapacidad intelectual. Con todo, la petición inmediata de la entidad ceutí es mucho más concreta: que los usuarios puedan volver a entrar y salir de su centro sin miedo. Las declaraciones fueron difundidas por Servimedia.