Antonio, con un 76% de discapacidad y movilidad reducida: «Tengo una plaza con mi matrícula delante de casa y aun así esperé dos horas a la grúa»

Antonio tiene 72 años y perdió la pierna derecha por complicaciones de la diabetes. Se desplaza con prótesis y muletas, tiene reconocida la tarjeta de aparcamiento PMR y un grado de discapacidad del 76%. Hace dos años, el ayuntamiento le concedió una plaza de aparcamiento reservada delante de su portal, con una placa que indica la matrícula de su coche. «Pensé que se me habían acabado los problemas. Me equivoqué», resume.

Según cuenta Antonio a Tododisca, al menos una vez por semana encuentra otro coche en su plaza cuando vuelve de hacer recados o del centro de salud.

«Esperé dos horas a la grúa»

El peor día fue un sábado por la noche, al volver de casa de su hija. «Llamé a la Policía Local a las ocho. La grúa llegó pasadas las diez. Dos horas dando vueltas a la manzana porque no había ni un sitio libre en el barrio», relata.

Su mujer, Pilar, le acompañó todo el tiempo. «Con la prótesis no puedo andar más de cien metros seguidos sin que me duela el muñón. Si aparco lejos, no llego a casa. Por eso me dieron la plaza», explica Antonio.

«La placa dice mi matrícula, no «aparque aquí un rato»»

Antonio cree que mucha gente no entiende qué significa una plaza personalizada. «La placa lleva mi matrícula. No es una plaza para cualquier persona con tarjeta, es para mí. Pero hay quien piensa que si es de noche o es fin de semana no pasa nada», lamenta.

Además, cuando llega la grúa, siente que el que acaba pagando el mal rato es él. «El otro se lleva una multa, sí. Pero yo me he quedado dos horas en el coche, con dolor, esperando», señala.

Multa y retirada del vehículo

Aparcar en una plaza reservada para personas con movilidad reducida sin autorización es una infracción grave según el Reglamento General de Circulación, con una multa de 200 euros (100 euros con pronto pago). En las plazas personalizadas con matrícula, ni siquiera otro titular de tarjeta PMR puede estacionar, salvo que la ordenanza municipal disponga otra cosa. Además, la grúa puede retirar el vehículo y su propietario debe pagar el servicio y el depósito.

«Lo único que pido es poder llegar a mi casa», concluye Antonio.