Las redes sociales tienen un poder enorme de comunicación. Un simple tuit, una publicación de Instagram o un vídeo en ‘Tik Tok’ puede generar un impacto más que notable. Sin embargo, también están a merced del anonimato de algunos usuarios que buscan herir sensibilidades, en ocasiones respecto a personas con discapacidad.
No es una opinión generalizada, pero sí real; las redes sociales deben ser un espacio de comunión, información y respeto entre quienes navegan por ellas. Además, también sirve para encontrar un refugio cuando se tiene un problema, tratando de topar con personas que pasen por una situación similar.
Así en el caso de individuos con discapacidad, el uso de estas plataformas está ligada a normalizar su propia condición, darle la visibilidad que merece y divulgar los valores de inclusión y accesibilidad dentro de la sociedad. No obstante, en internet emerge la primera barrera: el anonimato digital.
Personas con discapacidad y redes sociales
Difundir vídeos y contenidos dotando la discapacidad de una condición más de las personas y tratando de normalizarla es una actividad compleja, especialmente en un mundo donde internet tiene una gran presencia en la vida diaria y apenas permite un respiro, ‘Si no estás en el entorno digital, no existes‘.
Irati González (@iratigm.14), en este sentido es una joven con discapacidad intelectual y una de las caras más conocidas de las redes sociales. Mediante la transparencia que le caracteriza en sus publicaciones, esta ‘Bilbainita’ habla sin tapujos sobre la epilepsia que sufrió siendo una niña y que le ha derivado en retraso madurativo.
Pero ya ha estallado: «Hoy estoy rota; estoy cansada», ha estimado en su última publicación. Afirma que esa sensación de cansancio, ligado en cierta manera a la impotencia, no tiene tanto que ver con las redes, sino «de lo que hay detrás de ellas«. Y esa oculta realidad incluye comentarios que se sitúan lejanos a la bondad y al respeto.
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González reconoce estar «harta de que la gente opine de tu cuerpo, sobre tu cara y sobre como eres«, adquiriendo un derecho que no les pertenece para juzgar quien sí y quien no debería estar en estas plataformas: «Parece que para estar en redes sociales tienes que cumplir con un tipo de cuerpo«, lamenta.
Así mismo, esta situación de la que habla Irati no es un caso aislado, sino que está presente en la vida de muchas personas, esencialmente quienes conforman el colectivo de la discapacidad. Lo valiente, por tanto, es mostrarse y normalizar esta vida; lo cobarde, por su parte, esconderse detrás de un perfil para criticar y enjuiciar, ejerciendo de barreras sociales.
Un filtro de quien si y quien no
Un cuerpo, una cara y una vida perfecta parece ser el mínimo exigible para poder mostrarse en redes: «Si no encajas en eso, te machacan», expone Irati en sus publicaciones. Por ello ha querido compartir esta emoción que ha inundado su mente cada vez que lee comentarios de ese calibre.
Precisamente, esa frustración y ‘dolor’ le ha invitado a decir que «las redes no deberían ser un filtro de quién merece existir y quién no«. González manifiesta que «no soy perfecta y tampoco que serlo», una idea acompañada de la teoría de que «no todo vale«.
Detrás de cada perfil hay una persona y una familia; una vida que requiere de empatía, normalidad y sensibilidad respecto a la discapacidad o, simplemente, no está pasando por un buen momento puntual y personal. Pero el anonimato digital no entiende esos valores, únicamente busca herir.
«Nadie debería sentir que vale menos por no encajar en unos estándares absurdos», concluye Irati. La redes sociales no son espacio para el odio, y las palabras deben tener consecuencias: «Creen que pueden decir lo que quieran sin pensar el daño que están haciendo».




