«Mi primo siguió usando la tarjeta PMR de mi abuelo meses después de que muriera»

Andrés tiene 46 años y vive con su padre, Ramón, de 74, que tiene párkinson desde hace casi una década. Ramón tiene reconocido un 70% de discapacidad y movilidad reducida, camina con andador y necesita ayuda para subir y bajar del coche. Para él, aparcar en una plaza reservada cerca de la puerta del hospital o de la farmacia marca la diferencia entre poder salir de casa o no.

Por eso Andrés no pudo callarse cuando descubrió lo que estaba haciendo un familiar. «Mi abuelo materno también tenía tarjeta de estacionamiento. Falleció en enero. En abril vi el coche de mi primo aparcado en una plaza PMR del centro con la tarjeta de mi abuelo en el salpicadero», cuenta a Tododisca.

«Me dijo que a nadie le hacía daño»

Cuando se lo recriminó, la respuesta le dejó sin palabras. «Me dijo que la tarjeta seguía siendo válida hasta la fecha de caducidad y que a nadie le hacía daño. Yo esa misma mañana había dado tres vueltas con mi padre porque no había ni una plaza libre», relata.

Andrés insiste en que no lo cuenta para señalar a nadie, sino porque cree que es más habitual de lo que parece. «Mucha gente piensa que si la tarjeta no ha caducado se puede usar. Pero la tarjeta es de una persona, no del coche ni de la familia», explica.

Qué dice la normativa

La tarjeta de estacionamiento para personas con discapacidad es personal e intransferible, y solo puede utilizarse cuando su titular conduce o es transportado en el vehículo. Tras el fallecimiento del titular, la tarjeta pierde su validez y los familiares deben devolverla al ayuntamiento o al organismo que la expidió.

Utilizar la tarjeta de una persona fallecida puede suponer una sanción por estacionamiento indebido en plaza reservada, la retirada del vehículo por la grúa y la incautación de la tarjeta. Los casos detectados por la Policía Local, como el del conductor pillado en Jerez, se repiten cada año en distintas ciudades.

Al final, el primo de Andrés devolvió la tarjeta. «No quiero que nadie se sienta perseguido. Quiero que, cuando mi padre necesite una plaza, esté libre para quien de verdad la necesita», concluye.