Mateo -‘Súper Mateíto‘, como le llaman sus padres-, es un niño de dos años que ya está contando los días para pasar a la barrera de los tres. Desde nacimiento, vive con condiciones médicas «muy severas», que han derivado en un grado de discapacidad del 75%, como han informado sus padres en redes sociales (@super.mateito).
Precisamente, su familia se ha erguido como un apoyo absolutamente indispensable para el bienestar de Mateo, «dispuestos a todo por mejorar mi calidad de vida«. El embarazo fue completamente saludable y normal, pero, tras el nacimiento del pequeño, la Unidad de Cuidados Intensivos -UCI- fue su hogar durante cinco meses.
Hidrocefalia, agenesia del cuerpo calloso, epilepsia refractaria y un diagnóstico de síndrome de West fueron las complicaciones con las que ‘Súper Mateíto‘ llegó al mundo: «Parecía imposible, pero logró vencer», indican sus padres. No obstante, las secuelas son muy duras y el pequeño vive con una parálisis cerebral infantil.
Mateo, dos años y 75% de discapacidad
La «risueña» vida de Mateo no está exenta de amor y valentía, tanto de él mismo, pese a su corta edad, como del resto de su familia. Con el deseo de «disfrutar de su hermosa sonrisa», Christel y Steward, padres de este pequeño, hacen todo lo posible por dotar de calidad de vida a su hijo.
Esta familia, actualmente, reside en Madrid, pero proceden desde Ecuador. Guiados por un futuro mejor para ‘Super Mateíto’, sus padres decidieron emigrar a España, donde recibe atención sanitaria en el Hospital Niño Jesús de la capital. Ya han logrado empadronarse y la concesión del grado de discapacidad de Mateo, que alcanza el 75%.
Steward, padre de este pequeño con discapacidad, afirma que «aprendió que la vida puede cambiar en un segundo, pero también puede llenarse de un amor inmenso que jamás pudiese imaginar». Por su parte, Christel detalla que el miedo que sintió como madre, pero que es testigo de que la luz de Mateo no se apaga nunca.
Juntos, como familia, han entendido que «la perfección no existe, pero sí el amor verdadero«. Han tenido que aprender a «ser pacientes y valientes» porque su ritmo es el «perfecto». Ellos, como padres, mantienen que «no podemos cambiarlo, sino acompañarlo» para ofrecer una vida digna y plena, donde la discapacidad esté normalizada.
En este sentido, estos padres lanzan un mensaje «a quien no vive la discapacidad de cerca«, que es casi como una invitación o un ruego: «Dejar de mirar con los ojos y empezar a mirar con el corazón», aludiendo a que «detrás de cada niño hay un historia, una familia y un amor«.
Un corazón dispuesto a luchar
Los médicos comunicaron a Steward y Christel que su hijo apenas podría vivir «dos horas». Mateo está cerca de cumplir tres años. Es cierto que el camino no está siendo fácil y que la discapacidad es notable, pero esta condición no le borra la sonrisa de la cara ni la felicidad a sus padres de poder disfrutar cada día de ella.
«Dicen que los milagros no existen, pero yo estoy aquí para demostrar lo contrario», estiman los padres de Mateíto. En el mes de septiembre de 2025, esta familia se aventuró a dejar Ecuador, su lugar de residencia, para vivir en Madrid, con «una maleta llena de sueños y un corazón que no se rinde, dispuesto a luchar«.
Ahora, con el permiso de residencia, el grado de discapacidad y con la concesión del empadronamiento, esta familia vive en España, donde Mateo recibe «la mejor atención sanitaria«, convencidos de que su bienestar es posible. Sus padres, mientras, divulgan su historia en redes sociales para sensibilizar y normalizar la condición de su pequeño ‘Súper Mateíto‘.




