Olivia Alonso Martínez es una pequeña que llegó al mundo el 28 de junio del año 2022. Su llegada fue muy esperada por su familia; sin embargo, a las pocas horas de nacer, su madre se percató de que «no podía separar sus ojitos» y se lo comunicó a la enfermera. Aquel bebé venía con un diagnóstico de discapacidad visual.
Ahora, mediante el poderoso altavoz que son las redes sociales, los padres de Olivia desean mostrar y compartir la vida de su pequeña con discapacidad visual. Es una realidad repleta de amor, normalidad y alegría, donde están convencidos de que «las cosas maravillosas de la vida no se ven, se sienten».
De este modo, dada la repercusión que tiene el caso de Olivia, especialmente entre los más pequeños, guiados por la inocencia y la curiosidad que caracteriza a los niños, esta familia también hace uso de las redes sociales para divulgar la discapacidad y manifestar que «la empatía también se aprende» desde edades precoces.
Olivia, una pequeña con discapacidad visual
En torno a la una menos veinte del 28 de junio de 2022, la pequeña Olivia ‘decidió’ llegar al mundo. Con unas medidas de 3 kilos de peso y más de cincuenta centímetros de longitud, sus padres por fin pudieron sentir la emoción de sostenerla en sus brazos y de notar su respiración.
Horas más tarde, la madre de esta pequeña se dio cuenta de un detalle que le llamó la atención y quiso trasladar al equipo de enfermería: los ojos de Olivia «estaban muy pegados y no daba señales de poder abrirlos«. Motivadas por la preocupación, la bebé fue hospitalizada de urgencia para realizarle las «pruebas pertinentes».
Finalmente, llegó el diagnóstico: microftalmia en el ojo izquierdo, que apenas se pudo desarrollar hasta la semana 20de gestación: anoftalmia en el ojo derecho, que no se pudo desarrollar con normalidad. En ese momento, la discapacidad hizo acto de presencia para siempre y «nuestras vidas dieron un giro enorme», relatan los padres de Olivia.

Tras nueve días de ingreso en el hospital, Olivia y su familia por fin recibió el alta. Se iban a casa, con el deseo más profundo de compartir el tiempo con el resto de sus seres queridos y conocer a la «hermana mayor» de la pequeña. Desde entonces, los padres de esta hoy niña de casi 4 años han compartido la rutina diaria, las vulnerabilidades y, especialmente, la felicidad.
Del mismo modo, los ejercicios han sido la tónica habitual para estimular a Olivia y disminuir el efecto de la discapacidad visual en su futuro, adaptándose al entorno y dotándole de las mejores herramientas para, en un futuro, ser lo más autónoma posible. La inclusión y la independencia se trabajan desde edades muy tempranas.
Explicar la diferencia «con amor»
Salir a la calle con Olivia implica estar expuesto a muchas miradas, explica esta familia. Sin embargo, le dan la normalidad y la importancia que merece: «Ver un bebé siempre llama la atención, y ver que tiene algo en su ojito o que es ciega no es algo recurrente para muchas personas».
Sin embargo, resaltan que los momentos más especiales en este sentido ocurren cuando se encuentran con niños pequeños: «Se asombran, llaman a sus papás y preguntan sin miedo ‘¿qué tiene?’, ‘¿por qué?’, ‘¿cómo?'», exponen la familia de Olivia, con total naturalidad.
En esos instantes, ante tantas preguntas de sencilla respuesta, se trabaja la verdadera empatía, normalidad e inclusión de la discapacidad, «porque los niños preguntan desde la curiosidad, no desde el juicio». Por ello, estos padres relatan que «no se trata de ocultar la diferencia, sino de explicarla con amor«.
Finalmente, Olivia, mediante sus padres, muestra en redes sociales que en estos ‘ratitos’ «está la importancia de hablarles desde pequeños sobre la inclusión, de enseñarles que todos somos diferentes, que algunas personas ven con los ojos y otras con las manos, los sonidos y el corazón«.






