Paula tiene 50 años y desde hace tiempo lleva a su madre, María, al Hospital Universitario de Jerez casi cada semana. María tiene la movilidad reducida reconocida y un grado de discapacidad del 75%. Para ellas, cada consulta empieza con el mismo problema: encontrar una plaza de aparcamiento reservada para personas con movilidad reducida (PMR) que esté libre. «No pedimos nada especial. Solo que la plaza que le corresponde a mi madre esté disponible cuando la necesita», resume.
Según cuenta Paula a Tododisca, el hospital tiene más de 15 plazas reservadas para personas con movilidad reducida. Pero, asegura, «la mitad de ellas suelen estar ocupadas por coches sin tarjeta», muchos de ellos de acompañantes de otros pacientes.
«Son dos minutos, un momentito, ya viene»
Cuando se lo dice a esos conductores, la respuesta casi siempre es la misma. «Te dicen «son dos minutos», «es un momentito», «ya viene». Y mientras tanto yo estoy dando vueltas por el hospital con mi madre en el coche buscando otra opción», explica.
Cada visita se convierte en una discusión. «Siempre tengo que estar debatiendo con otros conductores. Es agotador, y no debería ser mi trabajo hacer que se cumpla la norma», lamenta.
Dejar a su madre sola en la puerta
La situación ha llegado a obligarla a separarse de su madre. «Alguna vez he tenido que dejarla dentro del edificio de Consultas Externas, irme a aparcar al parking de pago y tardar más de 10 o 15 minutos en volver con ella», relata.
Para una persona con un 75% de discapacidad y dificultades para moverse, esos minutos de espera sola no son un detalle sin importancia. «Mi madre se queda esperando, nerviosa, sin saber cuándo voy a volver. Eso es justo lo que estas plazas deberían evitar», señala.
Paula también cree que el problema va más allá de los coches sin tarjeta. «Sospechamos que muchos de los coches que aparcan con la tarjeta PMR son de familiares que la usan sin que el titular vaya en el vehículo», apunta.
La tarjeta de aparcamiento para personas con movilidad reducida es personal e intransferible. Solo se puede usar cuando la persona titular viaja en el vehículo, ya sea conduciendo o como pasajera. Usarla sin ella es un uso fraudulento y puede suponer la retirada de la tarjeta y una sanción, según la normativa autonómica y las ordenanzas municipales.
Qué dice la ley: 200 euros de multa
El Reglamento General de Circulación considera infracción grave aparcar en una plaza reservada para personas con movilidad reducida sin la tarjeta correspondiente. La multa es de 200 euros (100 euros si se paga pronto) y no quita puntos del carné. Además, el agente puede ordenar que la grúa retire el vehículo, y el conductor tendría que pagar también el depósito.
La excusa de que «son dos minutos» no sirve: la norma no hace excepciones por el tiempo que el coche esté parado.