Raúl Gay tiene 44 años, es periodista y psicólogo, y nació con una discapacidad física congénita llamada focomelia —cuya descripción, explica él mismo con crudeza, es «miembros de foca»—, posiblemente asociada al síndrome de Roberts. Con esa mirada de quien conoce la discapacidad desde dentro, lanzó en Tododisca una reflexión que hace pensar: «La gente envejece, pero las personas con discapacidad envejecemos más rápido».
No es una frase para el efecto. Gay la defiende desde lo ergonómico, lo postural y el dolor: en su caso, la ausencia de brazos le obliga a tomar decisiones adaptativas para prácticamente cualquier actividad, y ese esfuerzo continuado pasa factura al cuerpo antes de tiempo. A esa idea suma otra realidad incómoda: todas esas adaptaciones «cuestan dinero», por lo que las principales barreras que encuentra son, dice, «en materia de vivienda y económicas».
La trayectoria de Raúl es tan singular como su forma de pensar. Estudió Ciencias Políticas, aunque lo que de verdad le apasiona es escribir. Cursó un máster de periodismo en la Universidad de Zaragoza, trabajó en varios medios y llegó a ser jefe de prensa y diputado en las Cortes de Aragón. Entiende la política, dice, «como un tiempo que dedicas a la sociedad que tiene una fecha de inicio y otra de fin». Después se sintió atraído por la psicología, y se graduó con 43 años con especialidad en Análisis de Conducta.
Psicólogo online para personas con discapacidad
Hoy pasa consulta online, con especial atención a personas con discapacidad y su entorno, aunque insiste: «lo que más me gusta en el mundo es leer y escribir». De hecho, es autor de un libro, ‘Retron’, con el que ofrece «una mirada a la discapacidad desde dentro», sin tabúes. Y disfruta de su papel de padre junto a su hija Vega.
Lo que define a Raúl es su rechazo a las etiquetas cerradas. «La discapacidad no es una identidad cerrada», afirma. Reconoce que sabe «lo que significa depender de otros, adaptarse, aprender a pedir ayuda o a aceptar límites», pero rechaza la idea de tener que adaptarse a la discapacidad: prefiere adaptar la discapacidad a su vida, con una notable capacidad de superación y una honestidad que no esquiva ningún tema, por incómodo que sea.

Con todo, Raúl Gay huye del relato tanto de la lástima como de la superación épica. Habla de su vida con naturalidad, reconociendo que hay días en que la discapacidad «se digiere mejor o peor», y demostrando en cada respuesta esas dotes narrativas de buen periodista. Su testimonio es una oda a la aceptación de una realidad cruda, contada sin dramatismo pero sin edulcorar, porque cree que solo nombrando los problemas —el dinero, la vivienda, el empleo, el propio cuerpo que envejece antes— se puede empezar a resolverlos.
Puedes leer todas sus reflexiones en la entrevista que le hicimos en Tododisca.




