Todas las personas que viven con algún tipo de discapacidad y son usuarias de silla de ruedas son únicas y tienen una dignidad intransferible. Lo mismo ocurre con el motivo de su condición, que, como comenta Rigoberto López, «la realidad es que cada lesión es diferente«.
Este joven convive con la discapacidad debido a un diagnóstico de lesión medular cervical que le impide caminar, por lo que ha tenido que adaptar su vida a vivir en una silla de ruedas. Gracias a ella, ha logrado ser independiente y adquirir seguridad y confianza para desplazarse.
Tal y como se desvela en sus redes sociales, Rigoberto combina las sesiones de rehabilitación y los momentos de gimnasio para fortalecer masa muscular con grandes dosis de humor, que es una de sus principales señas de identidad. «Poco a poco, mi cuerpo se siente más fuerte y ya puedo completar mi rutina», señala este joven con discapacidad.
No todos los casos de discapacidad son iguales
No por ser usuario de una silla de ruedas o no poder caminar se debe compartir diagnóstico. Así ha querido comunicarlo Rigoberto López, un joven con lesión medular a la altura de las vértebras cervicales, mediante su perfil oficial de redes sociales (@rigoberto_lopez_g).
En esta línea, la idea que desea implantar López es que no todos los casos de discapacidad son iguales. Existe un amplio abanico alrededor de los diagnósticos de estas lesiones, así como de sus pronósticos y posibilidades de recuperación, que varían en función de la afectación.
En su caso, una lesión medular cervical es la causante de que su vida se vea desde la perspectiva de la silla de ruedas, como él apostilla. Así, Rigoberto normaliza su discapacidad en el gimnasio: «Muchas personas se sorprenden cuando me ven llegar en silla de ruedas y después hacer mis traslados para entrenar en las máquinas de pierna».
Igualmente, valora que la realidad es que todavía «puedo trabajar mis piernas, aunque sea con una intensidad mucho menor que antes». Y esa circunstancia es la que le anima a seguir esforzándose: «Por eso sigo haciéndolo, porque el objetivo no es compararme con nadie, sino seguir mejorando un poco cada día«.
Esta visión de la discapacidad es personal y única de Rigoberto, pero no necesariamente se debe generalizar a otras personas con lesión medular cervical. «La vida no siempre se acomoda como uno quiere, pero poco a poco aprendes a vivirla sin pelearte con cada cosa que no puedes controlar», reconoce sobre su realidad.
Valorar momentos que «antes pasaban desapercibidos»
La lesión medular y la discapacidad en general. si algo está ofreciendo a Rigoberto López, es aprendizaje. Aprender a vivir en una silla de ruedas y a adaptarse a un entorno que no termina de ser accesible a este colectivo en ninguna de sus vertientes.
Motivado por esa enseñanza, López asegura que «después de mi lesión medular aprendí a valorar momentos que antes pasaban desapercibido». Entre ellos, cita ‘cosas simples’ que, ahora, son un tesoro: «Un atardecer, el sonido del mar, una salida tranquila con las personas que quiero».
Y anima a quienes no viven con discapacidad a valorar realmente «el tremendo privilegio que es estar sanos, tener trabajo y comida». E invita a no minimizarlo ni perderlo «nunca» de vista.




