A través del buceo y del submarinismo, Marina demuestra en cada inmersión que no hay límites ni barreras para disfrutar de una pasión. Con 20 años, esta joven sufrió una lesión medular como consecuencia de una mala caída en una piscina; ahora, normaliza la discapacidad desde su silla de ruedas.
A raíz de aquella fatídica zambullida, Marina pasó tres meses en un hospital de Valencia y otros seis meses de rehabilitación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde trataba de rehacer su vida acompañada de una lesión medular que parecía haberle arrebatado los sueños que tenía por cumplir.
«Seguir con mi vida quizás es lo más duro que he podido hacer pero lo que me ha hecho más fuerte y más feliz«, relata Marina en redes sociales (@marinaconpa). Al mismo tiempo, asegura que «tener gente a mi alrededor que me apoyan, que me impulsa y mira con una sonrisa es el mejor regalo que me ha dado la vida».
Submarinismo con una lesión medular
El mundo no se acaba cuando te dan un diagnóstico ni cuando sientes que no avanzas; ni siquiera acaba cuando te rompen el corazón. Para Marina, todos esos aspectos forman parte de un mismo proceso en el que, a pesar del dolor, a buen seguro, siempre se vuelve a brillar.
Ella volvió a relucir. paradójicamente, debajo del agua, con unas aletas puestas para deslizarse y una bombona de oxígeno que le permitiese respirar. Para Marina, el submarinismo ha sido el refugio perfecto donde desconectar de la lesión medular y descubrir un mundo impresionante.
«Lo que parecía un final, se convirtió en un nuevo comienzo«, insiste. El submarinismo le ha permitido «recuperar la libertad que creía perdida» sobre su silla de ruedas y demostrarse, a sí misma, que ‘sí puedo’ una y otra vez.
Cuando se pone el neopreno y los respectivos complementos para descender a los océanos, Marina asegura que «no hay límites, no hay peso. Sólo hay paz«. El buceo le ha enseñado «a respirar, a soltar el miedo y, especialmente, a confiar en mí«, advierte.
Poniendo el corazón y el alma en cada inmersión, cada descenso es una gran victoria para esta joven con lesión medular: «A veces, lo que parece el final, es sólo el principio de algo mucho más grande. Tal vez, como a mí, el mar también te esté esperando«.
Verano de 2020
El testimonio de Marina tras aquella mala caída en una piscina en el verano de 2020 es de tal sinceridad que no deja lugar a dudas: «Te lo juro por mi padre que no siento las piernas, sácame del agua, me he quedado parapléjica».
Llegó al hospital sin conocimiento y despertó «ya conectada a goteros y a sedantes, con cuatro enfermeros agarrados a la camilla que me llevaban por un pasillo blanco con losas en el techo con pajaritos y nubes«. Recuerda que en el hospital La Fe de Valencia «en el techo del pasillo a quirófano tienen cuadrados en el techo con pajaritos y nubecitas».
Allí recibió el primer diagnóstico: una fractura de cuello que requería de una intervención a la mayor brevedad; posteriormente, llegaría otra fatal noticia: «Me había roto la C6-C7 y esa fractura era incompleta pero que por la altura de la lesión me había quedado tetrapléjica, afectando a los cuatro miembros».
Marina salió de la siguiente operación y trató de tomar conciencia de quien era, donde estaba y qué había pasado. Con esa certeza, recuerda la frase que le dijo su madre: «Luchar o pudrirse«. Y ahora, esta joven, es buceadora tras una grave lesión medular y ejemplo de superación.






