Victoria es una joven con sueños por cumplir, aspiraciones en la vida y objetivos a corto y largo plazo que le gustaría poder atrapar con sus propios sueños. Una vez que alcance estas metas, le encantaría poder compartir estas efemérides con su madre, a quien cuida por ser una persona con discapacidad debido a la enfermedad de párkinson.
La vida de Victoria está orientada, mayoritariamente, al cuidado ‘veinticuatro horas los siete días de la semana’ de su «mamá», como ella le llama cariñosamente. Como única cuidadora, también debe labrarse su propia vida y ganar el dinero suficiente para mantener la familia ante la adversidad, física y económica.
Aun así, esta novel cuidadora estima que, a pesar de todos los esfuerzos a los que está sometida, la peor tolerancia emerge con los «comentarios de los ‘expertos’» que indican cual es la manera correcta de cuidar a un familiar: «Si tu consejo no me da una ayuda palpable, realmente no me sirve de nada«, valora Victoria.
Cuidadora de una persona con discapacidad
«Cuidar de mi mamá es importante y muy valioso y tengo que estar orgullosa de mi labor«, reclama Victoria, que es el sostén que mantiene la vida de su figura materna, que ahora, con el paso del tiempo, ha adquirido una discapacidad que le impide valerse por sí misma y ser una persona dependiente.
Asume que, mientras la vida pasa a su lado, ella permanece «en el mismo sitio«, algo que, en ocasiones, le entristece y le frustra. Del mismo modo, asegura que no puede ir al ritmo de los demás, pero «ir al ritmo de mi madre se ha convertido ir a mi propio ritmo«.
Del mismo modo, como cuidadora de una persona con discapacidad, Victoria ha aprendido que «avanzar no es ir rápido, sino saber a quien no dejar atrás». Toda la historia y su experiencia con su madre, ya a merced de su hija, la joven la comparte en redes sociales, donde destaca la importancia de sacar tiempo para una misma.
Cuidar de su madre es una ‘obligación‘ ética que ella misma se ha impuesto y respeta esa decisión; de la misma manera, «no olvidarme de mi es mi responsabilidad«, detalla Victoria. También tiene una mención para quien vive una situación similar: «Si te sientes agotado, recuerda que estás haciendo una labor increíble, mañana se podrá volver a intentar».
El papel de esta chica en redes sociales no pasa desapercibido. Victoria, una «cuidadora con propósito» de su madre, invita a no perder la noción sobre uno mismo y hace referencia a la importancia de tenerse siempre en cuenta: «Cuidar a otros no significa olvidarte de ti«.
El cansancio mental
Quienes dedican su vida al cuidado y bienestar de personas dependientes a causa de una discapacidad o enfermedad, con el respectivo deterioro cognitivo en determinadas ocasiones, no solamente se enfrentan al desafío del cansancio físico, sino que también se manifiesta en el plano mental.
«Cuidar a alguien a todas horas no es sólo mover un cuerpo o dar un par de pastillas; es tener el peso constante de no poder desconectar nunca«, lamenta la propia Victoria. Ella tiene que «poner el cerebro en modo avión2 y regalarse, a sí misma, unos «diez minutos al día de silencio«. Sin nada ni nadie que le altere en ese tiempo.
Además, hace hincapié en el merecimiento del descanso y de la desconexión de las personas cuidadoras: si no estás en condiciones contigo misma, no vas a poder cuidar de nadie más al no estar en plenas condiciones. Y esa sensación, a veces, se esquiva o se inhibe.
En consecuencia de esa inhibición, aparece otra emoción difícil de gestionar: la eterna duda sobre ‘si estaré haciendo lo suficiente por la persona a la que cuido’. Es un trabajo complicado y que requiere vocación para su correcto desempeño. Aunque sea un familiar.




