El economista Santiago Niño Becerra ha dado por hecho que la edad ordinaria de jubilación en España terminará subiendo hasta los 70 años, siguiendo la estela de Dinamarca, cuyo Parlamento aprobó una reforma para fijar ese umbral en 2040. Lo ha expresado en una intervención en el programa ‘La Ventana’, de la Cadena SER, donde ha respondido sin matices a la pregunta de si el modelo danés acabará aterrizando aquí: «La respuesta es que sí, evidentemente». El profesor Gonzalo Bernardos comparte el pronóstico.
Cabe recordar que ninguno de los dos habla de una decisión ya adoptada, sino de un escenario que consideran inevitable a medio plazo por la vía demográfica. Ni el Gobierno ni el Pacto de Toledo han planteado, por el momento, ampliar el calendario vigente.
Qué dice hoy la ley española sobre la edad de jubilación
La normativa en vigor contempla una subida progresiva que culmina en 2027. A partir de ese año, el esquema quedará fijado en dos escalones que dependen de lo cotizado a lo largo de la vida laboral:
- 67 años para quienes acrediten una cotización inferior a 38 años y seis meses.
- 65 años para quienes alcancen o superen esos 38 años y seis meses cotizados.
Es decir, el retraso no es uniforme: quien ha empezado a trabajar pronto y ha mantenido carreras largas conserva la puerta de salida a los 65. El debate que abren estos economistas empieza justo donde termina ese calendario, en el horizonte posterior a 2027.
El argumento danés y sus grietas, según Niño Becerra
Niño Becerra ha recordado que la idea no es nueva en el debate español. «Distintos miembros de la CEOE ya lo apuntaron hace un par de años, que tenía que pensarse en esto», ha señalado el economista al ser preguntado por la posibilidad de llevar la edad ordinaria hasta los 70.
Sobre la justificación empleada en Dinamarca, el aumento de la esperanza de vida, introduce una advertencia relevante. A su juicio, el razonamiento puede sostenerse en términos agregados, pero se resquebraja al bajar al detalle de cada oficio.
«En términos generales puede que sea cierto, pero si vamos a profesiones concretas, en entornos concretos, esto evidentemente es muy discutible».
Ese matiz es el que suele quedar fuera del titular: no envejece igual quien desarrolla su carrera en una oficina que quien la pasa en un andamio, en la hostelería o en una cadena de montaje. El economista considera, con todo, que la medida resulta prácticamente obligada para sostener el sistema de pensiones en el contexto sociodemográfico actual, aunque no se atreve a poner fecha.
Gonzalo Bernardos: «Preparaos para lo que se viene»
El economista y profesor Gonzalo Bernardos ha llegado a la misma conclusión por un camino parecido. No lo presenta como una estimación abierta, sino como una tendencia difícil de esquivar para los países europeos con dudas sobre la sostenibilidad de sus sistemas públicos de pensiones.
«Nosotros seguiremos su ejemplo, más tarde o más temprano», ha asegurado en referencia a la decisión danesa, acompañada de un aviso más directo: «Preparaos para lo que se viene».
Un movimiento políticamente costoso
Por el contrario, el Ejecutivo se ha mostrado reacio a tocar la edad ordinaria más allá de lo ya comprometido hasta 2027. La razón es evidente para cualquier Gobierno: pocas reformas generan un desgaste tan inmediato como alargar la vida laboral, y menos aún cuando afecta a colectivos con empleos físicamente exigentes o con trayectorias interrumpidas.
La reforma aprobada en Dinamarca, en cambio, funciona como precedente. Si el país que primero ha dado el paso vincula de forma automática la edad de retiro a la esperanza de vida, el argumento se traslada con facilidad al resto de la Unión Europea. Los especialistas consultados coinciden en el fondo, aunque discrepen en los plazos: la pregunta ya no sería tanto si el sistema español acabará moviéndose, sino cuándo y con qué excepciones para las profesiones más desgastantes.




