Tomás Ramírez empezó a trabajar en una empresa de confección con 13 años y medio y acumuló 48 años y medio de cotización, cuatro de ellos con doble cotización a través de un convenio especial. Lo despidieron a los 62 años, se jubiló de forma anticipada un año después y arrastra desde entonces un coeficiente reductor del 13 % de por vida. «Me sacaron del colegio porque en casa hacía falta ayuda».
Casi 49 años cotizados y un 13 % menos
Su queja no es contra el sistema de jubilación anticipada en abstracto, sino contra la aritmética concreta que se le aplica. La comparación que hace es la que más duele a quienes tienen carreras largas:
«Ahora me veo con un coeficiente reductor del 13%, con casi 49 años cotizados y cuatro de ellos con doble cotización, mientras hay personas que con 15 años menos están cobrando el 100%»
Es decir, el coeficiente reductor no mira la carrera acumulada, sino la distancia que separa la fecha de jubilación de la edad ordinaria que corresponde a cada persona. Quien completa el periodo cotizado exigido y espera a esa edad cobra el 100 %; quien se adelanta pierde un porcentaje que ya no se recupera, aunque haya cotizado quince años más que el primero.
El despido a los 62 y la salida forzada
El detalle que explica su situación es el orden de los acontecimientos. Ramírez no eligió jubilarse antes: perdió el empleo a los 62 años y agotó el desempleo antes de solicitar la pensión. Es un itinerario habitual en trabajadores con oficios manuales y trayectorias largas, que salen del mercado laboral cuando ya no encuentran recolocación.
Cabe recordar que la normativa distingue entre la jubilación anticipada voluntaria y la derivada del cese en el trabajo por causa no imputable al trabajador, con coeficientes distintos y edades de acceso distintas. Esa diferencia importa mucho en el importe final: perder el empleo a los 62 años abre una puerta que la jubilación voluntaria no tiene, con coeficientes más suaves.
La reclamación de las carreras largas
Ramírez pide una reforma concreta: eliminar los coeficientes reductores para quienes acreditan carreras de cotización muy largas. Es la reivindicación histórica de ASJUBI40, la asociación de trabajadores con 40 o más años cotizados, a la que se ha sumado. El argumento de fondo es que el sistema penaliza igual a quien cotizó el mínimo que a quien casi duplicó el periodo exigido.
Su segunda frase apunta directamente a ese contraste, y es la que resume el estado de ánimo de ese colectivo:
«Ahora hay gobiernos que nos piden solidaridad, cuando yo he estado 48 años y medio siendo solidario con el Estado»
Asimismo, conviene tener presente que el coeficiente es permanente y se aplica sobre la pensión de por vida, no solo hasta alcanzar la edad ordinaria. Por eso adelantar la salida sin hacer cuentas es un error que puede costar hasta un 21 % de la pensión para toda la vida.
Con todo, el caso de Ramírez ilustra un punto ciego del sistema: la penalización se calcula sobre el tiempo que falta, nunca sobre el tiempo que sobra. Mientras esa regla no cambie, quien empezó a trabajar siendo un niño y se quedó sin empleo a los 62 seguirá cobrando menos que quien entró tarde y pudo aguantar hasta el final.





