Casi el 75% de las mujeres mayores de 60 años presenta dolor mecánico o deformidades en los pies. Así lo advierte el Ilustre Colegio Oficial de Podología de la Comunitat Valenciana (ICOPCV), que relaciona muchas de estas dolencias con el climaterio y recuerda que no hay que asumirlas sin más. «Cumplir años no significa tener que resignarse a vivir con dolor de pies», afirma el podólogo Jorge Escoto, miembro de su junta directiva.
Según recoge Infosalus, los podólogos insisten en que estos problemas «deben evaluarse y tratarse para evitar que condicionen la movilidad, el equilibrio y la calidad de vida».
Por qué el climaterio afecta a los pies
Escoto explica que la caída hormonal tiene efectos directos sobre la estructura del pie. «El cese prolongado de los estrógenos se traduce en una degradación masiva del colágeno y la elastina», señala. Como consecuencia, «las estructuras ligamentosas pierden su capacidad de tracción, el arco se aplana» y «el pie experimenta un ensanchamiento defensivo que inutiliza el calzado habitual de la paciente».
El climaterio es la etapa de transición que rodea a la menopausia, en la que los ovarios reducen progresivamente la producción de hormonas. Sus efectos no se limitan a los conocidos sofocos: también llegan a zonas menos vigiladas, como los pies.
El colegio vincula esta etapa con varios problemas: la pérdida de amortiguación plantar, la artrosis, las deformidades, la inestabilidad con riesgo de caídas y las grietas en los talones por sequedad de la piel (xerosis).
Los zapatos de siempre dejan de ser cómodos
Una de las primeras señales es que muchas mujeres «empiezan a notar que los zapatos que antes utilizaban ya no les resultan cómodos». Ante eso, el podólogo pide no quitarle importancia: «Es importante estudiar qué está ocurriendo y no atribuir automáticamente estas molestias a la edad».
El ICOPCV insiste en que estas dolencias «no son una consecuencia normal de la edad que deba resignarse a sufrir». Detectarlas a tiempo es clave para evitar que acaben afectando a la autonomía de la persona.
Qué calzado recomiendan los podólogos
Según Escoto, la elección del calzado «debe responder a las características anatómicas y funcionales de cada mujer», «especialmente cuando existen deformidades, dolor o problemas de equilibrio». Como pautas generales, los podólogos recomiendan:
Horma amplia y puntera espaciosa.
Buena sujeción del pie.
Suela antideslizante, para reducir el riesgo de caídas.
Amortiguación adecuada.
En algunos casos, suelas con curvatura anterior tipo ‘rocker’, que pueden facilitar el despegue al caminar cuando hay rigidez en las articulaciones.
Plantillas personalizadas tras un estudio biomecánico
Además del calzado, en ocasiones pueden ser necesarios tratamientos ortopodológicos. «Mediante un estudio biomecánico podemos identificar las zonas de sobrecarga y confeccionar plantillas personalizadas», explica Escoto, «que mejoren la distribución de las presiones y aporten la estabilidad que necesita cada paciente».
Eso sí, el especialista aclara que las plantillas «no sustituyen de forma literal la almohadilla grasa natural ni corrigen todas las deformidades», «pero pueden ser una herramienta útil dentro de un tratamiento personalizado».
El objetivo final, según el podólogo, es mantener la calidad de vida. Detectar a tiempo las alteraciones y adaptar el tratamiento a cada mujer «puede ayudarla a seguir caminando, mantenerse activa y conservar su independencia».
En cualquier caso, cada caso debe estudiarse de forma particular, por lo que ante un dolor persistente en los pies lo más recomendable es acudir a un podólogo colegiado para que valore la situación.