Los desafíos a los que se enfrentan las personas con discapacidad siguen vigentes. Bien lo sabe Belén Solé, una mujer que perdió la visión de su ojo izquierdo y, desde entonces, «descubrí un mundo de barreras que antes no veía», indica. De ellas, «algunas eran físicas, otras mentales, y muchas, laborales».
Belén disponía de su trabajo, que le invitaba a tener la correspondiente rutina como cualquier otra persona. Sin embargo, esa carga fue creciendo paulatinamente en el tiempo, lo que despertó emociones que le hacían intuir «que se me pedía más de lo que era sostenible, y que mi bienestar quedaba en segundo plano«.
Intentó poner límites y trasladó a las personas correspondientes que su ritmo de vida no necesitaba bajar revoluciones, pero ya era demasiado tarde: «Mi salud se resintió y mi visión cambió para siempre«. Ahora, Belén vive con una discapacidad visual que le ha motivado a dar visibilidad y fomentar la inclusión de este colectivo.
‘De la supervivencia a la misión’ de la discapacidad
A pesar de esa pérdida de visión en uno de sus ojos, Belén asegura que el aspecto físico no fue el más complejo. Explica y lamenta todas las justificaciones que tuvo que ofrecer, todas las adaptaciones a las que se tuvo que someter para seguir adelante «como si nada, en un mundo que muchas veces no sabe mirar más allá de lo evidente».
Su salud se rompió y sólo tenía una opción: «sobrevivir«. Nunca ha podido ostentar un reconocimiento real de su situación debido a que sólo le concedieron un 5% de discapacidad, lo que le obligaba «a ir más lenta en los trabajos, sentir que no lo entendían, y vivir con el miedo constante de perder el otro ojo».
‘Hazlo tú’, se dijo Belén a sí misma. Se propuso crear su propio proyecto -y reto- personal bajo el nombre de ‘Inclusión’. Comenzó bajo el prisma de la superación, «pero muy pronto se convirtió en mi misión: dar valor y voz a las discapacidades invisibles y visibles«, admite esta mujer sin visión en su ojo izquierdo.
La experiencia de la convivencia con la discapacidad le ha permitido adoptar una idea compleja: «La falta de comprensión casi siempre nace de la falta de información. Y esa ignorancia se traduce en juicios, incomodidad y barreras», relata. Quiere dar valor a quienes viven con cualquiera de estas condiciones.
«Una persona con discapacidad puede hacer cosas igual que cualquiera; quizá con más tiempo, con otra forma, con otra perspectiva, pero con la misma dignidad«. Ese es el objetivo principal de su proyecto de vida: dar visibilidad, sensibilizar y fomentar la inclusión en una sociedad que no siempre es empática en ese sentido.
Comunicar sin dar explicaciones
«¿Qué es ‘Inclusión’?«, se pregunta Belén. «Inclusión es una forma de comunicar sin tener que dar explicaciones», define la propia creadora de este proyecto, que pretende transformar una prenda en un mensaje y cumplir con tres objetivos fundamentales, basados en ‘educar’ a la sociedad sobre la discapacidad.
Esta mujer quiere crear prendas y productos «que comunican tus necesidades sin que tengas que decir una palabra»; igualmente, valora «convertir la moda en una herramienta de empatía y respeto«; finalmente, opta por superar barreras, recordando «que la discapacidad no define lo que vales, solo cambia el camino».
Belén no quería que su historia fuese en vano o simplemente quedase en una mala experiencia, sino que «quería que sirviera para algo«. Ahora trabaja en su propia iniciativa para ilustrar y promover la inclusión de las personas con discapacidad mediante el respeto, la dignidad y la empatía social desde su propia vida.






