La inclusión y la empatía respecto a las personas con discapacidad es una tarea que nos incluye a todos los que formamos parte de la sociedad. Sin embargo, es un deber que, igualmente, debe comenzar desde la propia familia de estos individuos, allanando un camino hacia la normalidad y la sensibilidad.
Camila es la hermana de Ámbar, una joven con discapacidad que presenta la condición de síndrome de Williams y un cuadro de Trastorno de Espectro Autista. Juntas, han querido demostrar que la inclusión real es posible y que «comienza con un pequeño gesto».
«A veces, el miedo a ‘hacerlo mal’ nos aleja de personas maravillosas como mi hermana Ámbar», relata Camila en redes sociales. Esta joven anima a dotar de normalidad las conversaciones con personas que presentan una discapacidad, por lo que ha facilitado 10 claves «para practicar una empatía real«.
Empatía real respecto a personas con discapacidad
Camila ha querido dejar constancia de una decena de maneras que existen para fomentar una empatía real y promover la inclusión del colectivo de la discapacidad en la sociedad. Se basa en comentarios, actitudes o comportamientos capaces de derribar barreras y eliminar estigmas.

De acuerdo con esta joven, se debe saludar con el corazón, no con lástima: «Una sonrisa sincera vale más que mil miradas de compasión; trátalos con la misma naturalidad que a cualquier otra persona». A su vez, aboga por dirigirse directamente a las personas con discapacidad: «Incluirlos en la conversación les da seguridad y les recuerda que su voz también importa».
Camila recuerda la importancia de darles su tiempo prudencial: «A veces su respuesta tarda unos segundos más en llegar; no los presiones; el silencio paciente es una forma hermosa de respeto» e invita a preguntar antes de actuar: «No asumas que no pueden. Un simple ‘¿necesitas ayuda o quieres intentarlo tú?’ fomenta su independencia».
Acto seguido, la hermana de Ámbar desea celebrar todos sus logros: «Lo que para algunos es rutina, para ellos puede ser una victoria; valida su esfuerzo, sin infantilizarlos» e insta a respetar su espacio sensorial: «Si notas que se abruman por el ruido o el contacto físico, dales espacio; la empatía también es saber cuándo alejarse un poco».
Mediante el síndrome de Williams, que es una enfermedad rara, y el Trastorno de Espectro Autista, Ámbar vive la discapacidad en primera persona, pero también Camila, quien se ha perfilado como su principal apoyo y activista en defensa de los derechos de este colectivo y, especialmente, en el reclamo de una empatía sincera.
La inclusión, un pequeño gesto
La lista de aspectos que fomentan la «empatía real» de acuerdo con Camila, también contempla evitar comparaciones: «Cada proceso es único. Evita decir ‘mi sobrino ya hace esto’; mejor pregunta ‘¿qué es lo que más le gusta hacer ahora?'», expone en su publicación de redes sociales.
También opta por normalizar lo diferente: «Si un niño se queda mirando, explícale con amor que todos somos distintos en lugar de callarlo con miedo; la curiosidad, educada, es inclusión». El lenguaje, por su parte, se debe cuidar en redes: «Detrás de cada video hay una familia real; si no tienes algo que sume, el respeto es el mejor comentario que puedes dejar».
Finalmente, Camila invita a ser un aliado y no un juez: «Si ves a una persona con discapacidad teniendo un momento difícil, no juzgues. A veces, una mirada de apoyo a la familia es la mejor ayuda». Con estas diez claves, la inclusión y la empatía social respecto a la discapacidad deberán estar más cerca de ser una realidad que una utopía.




