Micaela –Mica– Vicente es la madre de Bauti, un pequeño que nació de forma prematura y que, consecuencia de esa realidad, debe convivir con una discapacidad. De hecho, mediante redes sociales, esta familia tiene grabado «el día más esperado», que fue cuando su hijo pudo escuchar pro primera vez gracias a un implante coclear.
En el momento de nacer, Bauti apenas pudo estar con sus padres «tres segundos», explican. Esto se debe a la prematuridad con la que llegó al mundo, que desencadenó en «tres hemorragias pulmonares, infección en los intestinos, dos operaciones, una ostomia, ductus de corazón abierto y en infinidad de transfusiones de sangre».
No fue un nacimiento especialmente fácil, que, desde entonces, obligó a esta familia a convivir con la discapacidad del pequeño. Sin embargo, Micaela, pese a su juventud, ha mostrado una notable entereza y fuerza para sacar adelante a su hijo, dándole la mejor calidad de vida posible y divulgando sus derechos y adaptaciones.
Visibilizar la discapacidad de un hijo
Como se suele decir, ‘hasta que no te toca, no sabes lo que hay‘. Algo similar ocurre con la discapacidad: todos sabemos la importancia que tiene normalizar la condición y reconocer los derechos de estas personas; sin embargo, no se hace especialmente sensible hasta el momento que se vive de cerca. Más en la figura de un hijo.
Como altavoz de comunicación de masas, Micaela, haciendo gala también de su juventud, se ha iniciado en el mundo de las redes sociales «para visibilizar lo que vivimos, lo que vive Bauti y lo que viven muchos chicos». Como esta familia precisa, «no busco generar lástima, sino que quiero que la discapacidad deje de ser invisible«.
Esa invisibilidad, por consiguiente, lleva arraigada el desconocimiento social de tantas personas que desconocen los esfuerzos diarios de tantas familias para salir adelante y el trabajo que cuesta poner un sonrisa tras un día complicado, lleno de dificultades y con resultados que no eran los esperados.

Por tanto, en palabras de Micaela, madre de un pequeño con discapacidad, «quiero que se vea el esfuerzo diario, los logros pequeños que son gigantes para nosotros, y todo lo que implica vivir con una discapacidad desde tan temprana edad».
De este modo, Mica recalca que todas las familias y pequeños con discapacidad «no necesitan que lo vean con pena; necesitan inclusión, respeto y empatía, y creo que la mejor forma de empezar a construir esto es hablando, mostrando y compartiendo». Ella aporta su ‘granito de arena’ para que la condición de Bauti no sea ‘tabú’, sino normal.
Un mundo que abrace tal y como somos
La inclusión de personas con discapacidad no sólo se debe trabajar en edades ya consolidadas, sino que se debe promover desde que los niños son, precisamente, niños con edades tempranas: «A veces el mundo espera que los niños cambien para poder ‘encajar’; que se adapten, que sigan el ritmo, que entren en un molde que alguien decidió».
No obstante, el problema nunca serán los niños con condiciones diferentes en forma de discapacidad, sino que «tal vez, el problema es un mundo que todavía no aprendió a incluir, a respetar los tiempos, las formas y las maneras distintas de ser», indica Mica.
En esta línea, esta madre, valiente, valora que «ningún niño debería tener que cambiar quién es para pertenecer«, sino que «la verdadera inclusión empieza cuando dejamos de pedirles que encajen y empezamos a hacer lugar». Finalmente, concluye afirmando que «cada niño merece crecer en un mundo que lo abrace tal como es«.




