Perla Rodu (@perlarodu) es una joven que se ha graduado en psicología, poniendo punto y final a una de sus aspiraciones académicas. Lo ha conseguido gracias al esfuerzo, la dedicación y el tiempo que le ha dedicado a esta licenciatura, teniendo la oportunidad de ejercer la profesión que siempre había deseado.
Además, ha logrado esta titulación acompañada de su parálisis cerebral, una condición con la que nació y que le lleva acompañando toda su vida. Sin embargo, a la vista está, la discapacidad no ha sido más que un testigo directo de cada paso y de cada avance que Perla ha dado en su vida, construyendo un futuro prometedor.
Perla también es una frecuente usuaria de redes sociales, un lugar donde comparte contenido de todo tipo y donde queda reflejado su habilidad delante de las cámaras. Su naturalidad y espontaneidad son los ingredientes estrella de su vida, que le guían a vivir con la parálisis cerebral como condición, no como limitación.
Perla, psicóloga con parálisis cerebral
A los 15 años de edad, en mitad de «una crisis existencial», la bombilla de Perla se encendió y permitió iluminar una oscuridad sobre su futuro académico y laboral: quería ser estudiante de psicología. Lo pensó, lo soñó, lo trabajó y ya lo ha logrado gracias a su excelente rendimiento.
La parálisis cerebral congénita de Perla, por tanto, ha sido un fiel acompañante de vida que ha rendido ante la plena naturalidad y normalidad que esta joven psicóloga y su familia le ha otorgado: ni más ni menos reconocimiento del que merece, fomentado por un entorno inclusivo.
A pesar de este objetivo cumplido, la propia Perla reconoce que el camino no ha sido sencillo y ha estado marcado por episodios difíciles de gestionar. Concretamente, revela «un abuso de poder» del que fue víctima de una directora cuando era una niña de 12 años, vulnerable a comentarios sobre su parálisis cerebral y sin capacidad de respuesta.

Así mismo, su infancia no la recuerda con penuria sino que, simplemente, la tilda como «diferente» por las revisiones, sesiones de rehabilitación y terapias a las que la discapacidad le instaba a acudir: «Iba a terapia después de la escuela, una cosa que los demás niños no hacían«, lamenta Perla.
A pesar de que «los límites con incómodos», Perla ha sabido moverse bien entre la incomodidad, lejos de su zona de confort, y junto a la parálisis cerebral para alcanzar el sueño que con 15 años le iluminó el camino: ser psicóloga. Ahora, hecha una mujer, trabaja con sus pacientes, creyendo que una vida y un mundo mejor siempre será posible.
No es una niña especial
A lo largo de su trayectoria, Perla ha tenido que escuchar comentarios de todo tipo; miradas que escondían cierto desprecio; comportamientos que no le permitían ser ‘una más’ dentro del conjunto de la sociedad que habitaba por derecho propio. Ahora puede plasmarlo para cambiar conductas.
En primer lugar, y como principal medida, la psicóloga hace hincapié en el lenguaje para referirse a personas con parálisis cerebral o con cualquier otra condición: «No soy una niña especial, soy una persona con discapacidad«. Así, también pretende eliminar el infantilismo o paternalismo que existe sobre este amplio colectivo.
Finalmente, como una prometedora psicóloga y una reputada creadora de contenido, Perla anima a crear conciencia sobre la destacada importancia de darle normalidad a la discapacidad a través de su propio diagnóstico de parálisis cerebral. Ella, mientras, seguirá derribando mitos y barreras.




