Los niños son los adultos del futuro, por lo que, si aspiramos a ser una sociedad comprometida con la accesibilidad, la inclusión y la normalidad de la discapacidad es fundamental promover estos valores desde edades tempranas. Así lo defiende Majo Paíz (@segunmajo), una joven con síndrome de Down.
Visibilizar a las personas con discapacidad y brindarle las herramientas que necesitan para desarrollar su autonomía e independencia no es un privilegio para el colectivo, sino un derecho. Por ello, Paíz subraya que «la forma en la que educamos hoy, cambia el mundo de mañana».
Así mismo, mediante redes sociales, esta popular creadora de contenido enseña la realidad del síndrome de Down y su talento para convertirlo en una capacidad. Su vida y su «mundo» son visibles a través de estas plataformas, en las que Majo Paíz divulga un mensaje de normalidad.
Educar sobre el síndrome de Down
«Durante los primeros años, los adultos son los modelos para entender el mundo de alrededor«, sostiene Majo Paíz. De este modo, hasta los tres años de edad, «para los niños no existen diferencias, sino algo nuevo que conocer», por lo que, en este punto, es imprescindible «la normalidad con la que los adultos actúen».

Cuanta más normalidad se le otorgue a la discapacidad y al síndrome de Down, mejor y más absorbido tendrán los menores esos aspectos de cara al futuro, conociendo la manera correcta de comportarse: «Es lo que va a impactar en la forma en la que interpreten las diferencias«, indica Majo.
En segunda instancia, Paíz refleja que «un niño acepta o rechaza a los demás en función de como le hagan sentir», por lo que si un adulto tiene prejuicios sobre un niño con síndrome de Down o discapacidad, estos menores «van a actuar con cautela e, incluso, con rechazo«.
En caso contrario, actuando de una manera «normalizada y abierta«, los niños podrán aprender a ver la diversidad, valorarla y abrazarla como una condición más de las personas, «con la seguridad de la que la diferencia no es algo malo«, valora Majo Paíz en redes sociales.
Finalmente, cita la permisividad de los adultos en su faceta como padres o maestros: «Son muy consentidores con los niños con síndrome de Down y les permiten cosas que no les permitirían2 si no tuvieran esta condición. Por ello, exige «normas y límites iguales para todos»
Finalmente, Majo resalta que, en ocasiones, sí es difícil luchar «contra la normalidad social«, por lo que el colectivo de la discapacidad necesita «ese empujoncito» para lograr tener una visión abierta y enriquecida del mundo en el que les ha tocado vivir.
La inclusión es acción
«No es inclusión cuando asumen que no puedo hacer algo sin preguntarme antes», indica Majo; no obstante, valora que «sí es inclusión cuando me preguntan: ‘oye, necesitas apoyo o lo haces tu`». Para esta joven con síndrome de Down, la inclusión no es intención, sino que es acción.
De la misma manera, Paíz estima que tampoco se cumple con la inclusión «cuando hablan por mi, como si yo no pudiera expresarme». Por otro lado, destaca que «cuando me dan el espacio para hablar por mí misma» sí se fomenta la inclusión y participación de personas con discapacidad en el entorno social.
Finalmente, esta creadora de contenido con síndrome de Down subraya otra situación donde la inclusión se deja de lado: «Cuando me dejan para después o me excluyen sin darse cuenta«; acto seguido, confirma que las situaciones en las que «se me toma en cuenta desde el inicio» cumple con el significado de la palabra.
La inclusión se trabaja todos los días: «Son decisiones pequeñas que hacen una gran diferencia: escuchar, preguntar, incluir desde el inicio. Porque ser inclusivo no es difícil, es una elección», concluye Majo Paíz.




