Francisca tiene 77 años y una artrosis severa en rodillas y columna. Hace cuatro años le pusieron una prótesis de cadera y desde entonces camina con andador. Tiene reconocido un 61% de discapacidad y la movilidad reducida, y su nieto Javi la lleva en coche cada martes al mercado y a la peluquería.
Un martes cualquiera, mientras su nieto aparcaba en una plaza reservada junto al mercado, se acercó un agente de la Policía Local. «Muy amable, eso sí. Nos dijo que estaban haciendo controles de tarjetas y me pidió el DNI para comprobar que la tarjeta era mía», cuenta Francisca a Tododisca.
«Me lo había dejado en el otro bolso»
«Me puse colorada. Me había dejado la cartera en el otro bolso. Le dije que la tarjeta era mía, que tenía mi foto, pero me explicó que tenía que identificarme», relata. Al final, el agente comprobó sus datos por otros medios y no hubo sanción, pero Francisca reconoce que pasó un mal rato.
«Yo pensaba que con la tarjeta bastaba. Nadie me había dicho que tenía que llevar también el DNI», explica.
Una obligación del titular
El Real Decreto 1056/2014, que regula las condiciones básicas de la tarjeta de estacionamiento, establece entre las obligaciones del titular la de identificarse cuando se lo requiera un agente de la autoridad, acreditando su identidad con el DNI u otro documento oficial. El objetivo es comprobar que la tarjeta se está utilizando por su verdadero titular.
Estos controles se han multiplicado en muchas ciudades para frenar el fraude, como ocurrió con el conductor pillado en Jerez. Además, las sanciones por ocupar estas plazas sin derecho podrían endurecerse si prospera la propuesta para que sea una infracción muy grave.
Ahora Francisca guarda el DNI y la tarjeta juntos en una funda. «Me parece bien que controlen. Así las plazas estarán libres para quien las necesita. Solo hay que ir preparada», concluye.