Lorena tiene 36 años y es madre de Abril, una niña de cuatro años con parálisis cerebral. Abril no puede mantenerse sentada sin apoyo, no camina y tiene reconocido un 75% de discapacidad y la movilidad reducida. Para desplazarse usa una silla postural infantil, adaptada a su cuerpo y con sujeciones para el tronco y la cabeza.
El problema, según cuenta Lorena a Tododisca, es que esa silla se parece mucho a un carrito de bebé. «Para la gente es un cochecito. No ven que tiene un reposacabezas especial, un arnés o que la tela está hecha a medida. Ven una niña pequeña en un carro y ya está», explica.
«Todos los niños pequeños van en carrito»
La escena se repitió hace poco en el aparcamiento de un centro comercial. «Bajé la silla del maletero en la plaza PMR, con la tarjeta de Abril en el salpicadero, y una mujer me dijo que todos los niños pequeños van en carrito y que eso no era motivo para quitarle la plaza a nadie», relata.
Lorena intentó explicarle que su hija no podía andar. «Me contestó que con cuatro años muchos niños aún no caminan bien. Me fui al coche llorando. No tengo por qué justificar la discapacidad de mi hija en un aparcamiento», lamenta.
Los menores también pueden tener la tarjeta
La tarjeta de estacionamiento no tiene una edad mínima. Los menores que tienen reconocido un grado de discapacidad y la movilidad reducida pueden ser titulares de ella, y la tarjeta se expide a su nombre aunque sean sus padres o tutores quienes conducen el vehículo.
Además, en el caso de niños que usan sillas posturales o necesitan aparatos voluminosos, como aspiradores o pulsioxímetros, el espacio extra de la plaza y la zona de transferencia son imprescindibles para poder pasarlos del asiento del coche a la silla. Otras madres, como Gloria, han contado situaciones muy parecidas.
«Cuando Abril crezca, la silla será más grande y nadie dudará. Pero ahora también la necesita, y también tiene derecho», concluye Lorena.