María Salas es la madre de Manuel, un pequeño diagnosticado con el síndrome de Dravet, una enfermedad rara que, debido a su complejidad y afectación, provoca que presente un grado de discapacidad del 65%.
A través de las redes sociales (@guerrerodravet), esta familia ha denunciado que su vehículo ha sido objeto de pintadas tras haber estacionado, legalmente, en una plaza reservada para Personas con Movilidad Reducida (PMR).
Además, María asegura, como se puede apreciar en la imagen que han publicado, que el coche contaba con la correspondiente tarjeta azul, que da permiso para estacionar en estos espacios y acredita la discapacidad del titular del documento.
Pintadas por estacionar legalmente en una plaza PMR
Nuevo y lamentable episodio que rodea a las plazas PMR y pone en evidencia que la inclusión y la normalidad de la discapacidad, en ocasiones, continúa siendo una utopía. Tal y como ha hecho la familia de Manuel, este tipo de comportamientos merecen ser denunciados.
Tras estacionar el coche en una plaza PMR, acreditando el permiso con la tarjeta de discapacidad, María Salas ha compartido que, al regresar, se han encontrado con desagradables pintadas en el capó del vehículo: «Qué morro tienes, cabrón».
La realidad es bien distinta a lo que el autor de esas palabras ha expresado: Manuel tiene una discapacidad del 65% debido al síndrome de Dravet, incluyendo una discapacidad motórica. «No utilizamos esa plaza por comodidad, ni por privilegio, ni por tener ‘morro'», explica la madre de este pequeño.
De hecho, en la misma línea, Salas ha aseverado el motivo por el que aparcan en estas plazas PMR: «La utilizamos porque nos corresponde y porque la necesitamos». Por tanto, es importante aclarar que estos espacios no suponen ningún capricho, sino una necesidad para estas familias.
Así, con el lamento, la impotencia y la frustración de encontrar esas pintadas en la parte delantera de su vehículo, conviviendo con la discapacidad de un niño, María ha expuesto una dura realidad social: «Juzgar es fácil. informarse, respetar y comprender requiere algo más».
Falta de empatía ante la discapacidad
Este tipo de actos, como los que ha denunciado y hecho público la familia del pequeño Manuel no deberían tener cabida en la sociedad. Demuestran que, de momento, la falta de empatía y de respeto siguen reinando ante la normalidad de la discapacidad. Y debemos seguir reivindicando derechos.
De este modo, María reconoce, respecto al autor de esas pintadas, que «no voy a desearle que tenga que vivir nuestra realidad ni que se ponga en nuestros zapatos por un día. No se lo deseo a nadie», pero admite que «sí me gustaría que entendiera que detrás de cada tarjeta PMR hay una historia que no siempre se ve a simple vista».
Acto seguido, divulga que «las discapacidades no siempre son evidentes. Las necesidades de una familia tampoco» y asegura que «nosotros seguiremos actuando con civismo y respeto, utilizando los recursos a los que tenemos derecho».
Mientras, concluye esta publicación con un deseo, extensible a cualquier persona que comete este tipo de actos ilícitos en torno plazas PMR y que está alejado de la normalidad de la discapacidad: «Ojalá la persona que escribió esto encuentre algún día la empatía que le faltó en ese momento».






