El 67% del empleo de las personas con discapacidad se concentra en ocupaciones asociadas a competencias estabilizadas o en declive, según los datos del informe ‘¿Están las personas con discapacidad preparadas para el mercado laboral del futuro?’, elaborado por Fundación Randstad y presentado en Madrid el 16 de julio de 2026. El estudio advierte además de que cerca del 39% de las competencias actuales se transformarán antes de 2030, lo que exige reforzar habilidades tecnológicas, cognitivas y socioemocionales que hoy apenas se desarrollan en los puestos donde se integra este colectivo.
Cabe recordar que este desajuste entre las competencias que demandará el mercado y las tareas que actualmente desempeñan las personas con discapacidad constituye, según la fundación, uno de los principales riesgos detectados en el estudio, y condiciona directamente su acceso al empleo del futuro.
Crecen las ocupaciones técnicas, pero también las más precarias
Al analizar la evolución de la estructura ocupacional en la última década, el informe detecta una tendencia dual. Por un lado, las ocupaciones técnicas y profesionales han crecido más de un 70%, lo que demuestra que existe capacidad real para integrar talento cualificado en áreas con mayor proyección futura.
Por otro lado, se ha registrado un aumento del 56,5% en las ocupaciones elementales, un segmento marcado por tareas repetitivas y menor exigencia competencial. El propio informe califica este crecimiento de «anomalía crítica», ya que sitúa a una parte del colectivo en una posición especialmente vulnerable ante la automatización y la sustitución de tareas rutinarias, dos tendencias que marcarán el mercado laboral de los próximos años. Y ello a pesar de que el 82% de las personas con discapacidad tiene estudios medios o superiores.
La paradoja: más formación, pero no más puestos cualificados
A pesar de ese nivel formativo, solo el 23% de este grupo accede a puestos de alta cualificación. Se trata, según la entidad, de una auténtica paradoja: el avance educativo del colectivo ha sido significativo y sostenido, y el empleo ha crecido un 42% en la última década, lo que supone 166.000 personas más trabajando. Sin embargo, este progreso convive con un desajuste estructural entre la cualificación alcanzada y las ocupaciones a las que realmente se accede.
En concreto, el documento señala que:
- La educación superior ha crecido un 53% en diez años.
- La educación secundaria ha aumentado un 31%.
- La población con niveles educativos bajos se ha reducido un 38%.
Es decir, que la barrera del acceso a la formación se ha superado, consolidando una base formativa media y superior que nunca antes había alcanzado este nivel.
Un talento que no encuentra su sitio
Sin embargo, este avance educativo no se refleja de forma proporcional en el tipo de empleo al que accede el colectivo. Aunque el 32% de las personas ocupadas con discapacidad tiene educación superior, solo el 23% desempeña puestos de alta cualificación, como los vinculados a perfiles técnicos, científicos o profesionales de apoyo. En cambio, una parte relevante del empleo se concentra en tareas de baja cualificación: trabajos auxiliares, limpieza, reposición, reparto o funciones operativas simples.
El dato más revelador de este desajuste es el siguiente: únicamente el 7% de las personas ocupadas tiene estudios básicos, pero las ocupaciones elementales agrupan el 22% del empleo del colectivo. Una diferencia que confirma que el mercado laboral no está absorbiendo el talento disponible en puestos acordes a su preparación, lo que genera una infrautilización clara del capital humano.
«Es imprescindible» ajustar formación y empleo, según Fundación Randstad
Ante este escenario, la directora de Acción Social de Fundación Randstad, Silvia Galán, subraya que «los datos muestran un avance educativo sin precedentes, pero también alertan de que la formación alcanzada no está encontrando un reflejo suficiente en el tipo de empleo disponible».
«Es imprescindible asegurar que este talento cualificado accede a las oportunidades que realmente se corresponden con su preparación para evitar que la transformación del mercado laboral genere nuevas desigualdades»
A partir de este diagnóstico, el informe concluye que el reto principal consiste en ajustar la cualificación y las competencias a las necesidades reales del empleo. Para ello, será esencial reforzar la formación continua, facilitar la transición hacia sectores emergentes y mejorar la conexión entre los itinerarios formativos y las ocupaciones con mayor proyección, en línea con lo que ya plantean otros análisis sobre empleabilidad de personas con discapacidad.
Galán insiste en que el reto pasa por la coordinación entre agentes: «Solo mediante una estrategia coordinada será posible garantizar que las personas con discapacidad puedan participar plenamente en el empleo del futuro y aprovechar las oportunidades que la transformación del mercado laboral está generando, y en Fundación Randstad estamos trabajando para ir por ese camino».




