María, jubilada de 79 años: «No cobro pensión. Los dos vivimos de la pensión de mi marido, que asciende a unos 600 euros al mes»

María tiene 79 años, vive en España y no percibe pensión propia. La pareja subsiste con lo que cobra su marido y con lo que les llega desde Bélgica, el país donde ambos trabajaron cerca de veinte años. «No cobro pensión. Los dos vivimos de la pensión de mi marido, que asciende a unos 600 euros al mes», ha contado en un testimonio recogido el 8 de septiembre de 2026 por Infobae España. A esa cantidad se suman alrededor de 800 euros de pensión belga, de modo que el hogar maneja unos 1.400 euros mensuales.

El relato tiene un valor añadido porque enseña algo que muchas carreras laborales españolas comparten: los años cotizados fuera pesan, y a veces pesan más que los de dentro.

Una carrera repartida entre dos países

María trabajó como dependienta en Bélgica durante un periodo que sitúa entre los 10 y los 15 años. Su marido fue pintor de automóviles allí, con un periodo de cotización todavía mayor. Después regresaron a España, donde se pusieron al frente de una tienda por cuenta propia.

Esa segunda etapa, la española y como autónomos, es la que ha dejado la pensión más corta. El marido resume así lo que aquella actividad supuso para su futura prestación: «no nos aportó gran cosa en términos de cotizaciones sociales». Y va más lejos al valorar el sistema español, que califica de «mediocre» y «catastrófico».

«Gracias a la pensión belga, nos va bien»

La conclusión de María es tan directa como su diagnóstico: «Gracias a la pensión belga, nos va bien». No es una frase menor. Sin ese complemento, los ingresos del hogar se quedarían en 600 euros al mes, por debajo de los umbrales que marcan la pobreza en España.

Hay un factor que suaviza la ecuación: son propietarios de su vivienda y no arrastran hipoteca, de modo que sus gastos fijos se limitan al agua y la electricidad. Es decir, la misma cifra tendría un efecto muy distinto en un hogar que pagara alquiler.

Qué ocurre con los años cotizados en otro país de la UE

El caso de María ilustra cómo funcionan las normas europeas de coordinación de los sistemas de Seguridad Social. Los periodos trabajados en otro Estado miembro no se pierden ni se regalan al país de residencia: cada Estado reconoce y abona la parte que le corresponde según lo cotizado en su territorio. Por eso la pareja recibe dos pagos de origen distinto, uno español y otro belga.

Ese detalle tiene consecuencias prácticas para quien haya emigrado y vuelto. Los años en el extranjero se computan a la hora de reunir el periodo mínimo exigido, aunque el importe que después paga cada país se calcula solo con sus propias bases. De ahí que una carrera repartida pueda terminar en dos prestaciones modestas que, sumadas, cambian por completo la situación del hogar.

El colchón de las pensiones más bajas

Para quienes se quedan por debajo de la cuantía mínima existe el complemento a mínimos, una ayuda que la Seguridad Social somete a condiciones estrictas: se pierde si se superan 9.442 euros de rentas o si se pasan más de 90 días fuera de España. Ese último requisito es especialmente relevante para pensionistas con vínculos en otro país.

Con todo, el testimonio de María se suma a una serie de relatos que apuntan en la misma dirección: el desajuste entre lo cotizado y lo cobrado. Es la misma queja que expresaba Juan Leo en laSexta Xplica tras 45 años cotizados, aunque desde una situación económica muy distinta. El testimonio completo fue publicado por Infobae España.