La música es el arte en el que Lucy Ellingworth está desarrollando todo su potencial y talento. Palpando suavemente las teclas de un piano, esta joven crea auténticas obras con un diagnóstico de discapacidad visual y Trastorno de Espectro Autista -TEA.
Ellingworth, por tanto, es una chica ciega que ha convertido la música en su gran aliado para superar las barreras y los límites que la vida le ha puesto por el camino, acompañada del autismo, que también hizo acto de presencia cuando era una niña.
Ante el piano, instrumento a través del que ha desarrollado su innato talento, Lucy no necesita mirar las teclas, sino simplemente escuchar. Es feliz encima de un escenario, un escaparate mediante el que otorga visibilidad y reconocimiento al autismo y a la discapacidad visual que ella misma presenta.
Una joven ciega y con autismo que brilla en la música
La vida de Lucy Ellingworth está plenamente marcada por la discapacidad: la pérdida de visión y el diagnóstico de autismo ya son sendas condiciones que forman parte de su personalidad. Sin embargo, lejos de situarse en un marco de lamentación, esta joven optó por la música como vía de escape.

Tal es así que el arte es la forma que tiene Lucy para eliminar barreras y prejuicios respecto a las personas con discapacidad; es la única forma de mostrar quién es realmente. Con su juventud, ya es una referencia y un espejo en el que mirarse para miles de personas en todo el mundo, presenten o no alguna limitación.
Además, su valentía también se hizo notable al acudir a un programa de televisión de Reino Unido. Encima de aquel escenario, la personalidad de Ellingworth le invitó a no interpretar una canción popular, sino que le hizo decantarse por el Arabesco No. 1 de Claude Debussy.
Se trata de una pieza musical «creada para dar calma a todo lo que está en tensión». En las manos de Lucy, la música se convierte en algo palpable, como si se pudiese tocar las manos, ‘fabricada’ desde el más profundo corazón de una niña ciega y con autismo.
A pesar de las notables y severas complicaciones que presenta Lucy Ellingworth, la realidad es que no le hace falta ver el piano para interpretar su música. Cada vez presiona una tecla, esta chica no está pidiendo ser entendida, sino que «está mostrando que existen otras formas de habitar el mundo«. Y todas son válidas.
La música, un aliado del autismo
Al subir a un escenario, Lucy se ‘olvida’ de su discapacidad y únicamente piensa en disfrutar y hacer disfrutar su actuación a la audiencia. El arte aparece como si por arte de magia se tratara para silenciar el auditorio donde esta joven ciega y con autismo interpreta la melodía.
Precisamente, la ciencia ha evidenciado la correlación que existe entre las personas con un diagnóstico de autismo y la música, creando un vínculo emocional que repercute en el bienestar de este colectivo. Ante la ausencia de interacción social, las piezas musicales suponen un gran aliado.
«Las experiencias musicales promueven sentimientos de conexión, pertenencia e identidad desde la infancia hasta la edad adulta», explican desde la Confederación Autismo España. Así mismo, se han descrito varios casos de niños con TEA que han resultado ser realmente talentosos para interpretar música.
Las entidades que trabajan por la inclusión, bienestar y calidad de vida del colectivo con esta condición intelectual destacan que, históricamente, «la terapia musical se ha utilizado para involucrar a las personas con autismo en interacciones sociales significativas con los demás».




