Juan es un ciudadano que trabajaba como agente inmobiliario en el Régimen de Trabajadores Autónomos de la Seguridad Social. Después de superar un cáncer de esófago y debido al síndrome de Dumping tardío ha obtenido el reconocimiento de una pensión de incapacidad permanente absoluta.
Todo comenzó con un diagnóstico de cáncer de esófago. Juan tuvo que someterse a tratamientos muy agresivos, de quimioterapia y radioterapia. También se tuvo que enfrentar a una intervención quirúrgica.
Desarrolló el síndrome de Dumping tardío
Este trabajador pasó por el proceso más duro de su vida, pero consiguió salir adelante. Sin embargo, desarrolló una secuela que le cambiaría la vida para siempre: el síndrome de Dumping tardío.
Su cuerpo ya no reaccionaba de la misma manera. Después de comer todo iba muy rápido y aparecían los siguientes síntomas que exponemos a continuación:
- Mareos.
- Diarrea.
- Hipoglucemias.
- Debilidad.
- Sudoración.
Lo peor de todo es que Juan necesitaba comer cada tres horas. Además, después de cada ingesta necesitaba tumbarse entre 30 y 60 minutos. Todo esto le limitaba de forma clara para desarrollar su profesión habitual como agente inmobiliario.
Debido a esta situación, Juan era consciente de que no podía seguir trabajando. Ante ello, se puso en contacto con la abogada especializada Marina Alaminos. Analizó su caso y entendió que este trabajador cumplía con todos los requisitos para obtener el reconocimiento de una incapacidad permanente absoluta.
Incapacidad permanente absoluta por la vía judicial
A través de sus redes sociales (@marinaalaminos), Marina Alaminos ha expuesto el caso de Juan. «Cuando llegó a mi despacho, Juan estaba asustado, desesperado y con un mar de incertidumbre sobre su futuro. Solo tenía claro que no podía volver a su puesto de trabajo«, explica la mencionada abogada.
Después de recopilar todos los informes médicos, Alaminos presentó la solicitud de incapacidad permanente por la vía administrativa. Sin embargo, el INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social) denegó la solicitud. De hecho, el INSS también volvió a denegar la Reclamación Previa.
Al respecto, Marina Alaminos argumenta que «el INSS no quería ver la realidad de Juan. Pero sabíamos que si acudíamos a la vía judicial y demostrábamos correctamente su situación, no podían seguir mirando hacia otro lado».
De cara al juicio, esta abogada siguió una estrategia muy clara para luchar por la incapacidad permanente absoluta de Juan. «No se trataba solo de sus síntomas, se trataba de su rutina. De su imposibilidad real de cumplir con un trabajo», manifiesta Alaminos.
El juez determinó en la sentencia que Juan no podía desarrollar ninguna actividad laboral con normalidad, por lo que le reconoció una incapacidad permanente absoluta para toda profesión u oficio. Así, este trabajador ha obtenido el derecho a cobrar una pensión con una cuantía equivalente al 100% de su base reguladora.
La situación de Juan estaba respaldada por informes médicos claros. Sin embargo, el INSS le denegó la incapacidad permanente hasta en dos ocasiones. Se trata de algo que suele ser habitual entre los trabajadores, que necesitan llegar hasta la vía judicial para acceder a un derecho que realmente les corresponde.




