La inclusión de personas con discapacidad es un deber que todos tenemos como parte de la sociedad. No se trata de un capricho o de un privilegio para este colectivo, sino de un derecho y una necesidad para ser una sociedad plena.
Para ello, se antoja fundamental lograr normalizar la discapacidad y entenderla como una condición más de las personas que viven con ella. No se trata de una limitación o de una barrera, sino de una oportunidad de vivir.
En esta línea, desde el seno del colectivo de la discapacidad explican que, todavía, la inclusión social no es completa y que las barreras mentales y actitudinales continúan pesando más que las físicas o arquitectónicas, más hiladas con la accesibilidad: «La inclusión debe dejar de ser un discurso para ser una realidad».
La ‘deuda’ de la sociedad con la inclusión de la discapacidad
Mónica Lomelí (@masdelo.bueno) es asesora y estratega para empresas, con un recorrido profesional que ya supera las dos décadas «creando proyectos de alto impacto social y liderazgo humano», como desvela la biografía de redes sociales. «Haciendo bien, el bien«, indica.
Como experta en esta materia, Lomelí ha querido subrayar la importancia que tiene el concepto ‘inclusión‘ dentro de la sociedad, especialmente cuando se trata de niños y menores de edad con algún tipo de discapacidad. Según su criterio, la exclusión sigue siendo una realidad.
En esta línea, la directora de ‘El Espacio de Michelle‘, una fundación que trabaja como Centro Terapeútico y de Estimulación Temprana Multisensorial, destaca a los menores con discapacidad «les pedimos que construyan sus alas y vuelen alto, pero como sociedad nos empeñamos en mantener el cielo cerrado«.
Según el criterio de esta experta en materia empresarial, se otorgan muchas posibilidades de crecimiento e inclusión a las personas con discapacidad a nivel teórico, pero, posteriormente, la práctica revela que no siempre la sociedad está preparada para abrazar a este colectivo ni ser plenamente inclusiva.
Por tanto, Lomelí lamenta que «es agotador preparar a un niño para el mundo, cuando el mundo no se ha tomado el tiempo de prepararse para él«. Consecuencia de esa impotencia, rescata que «como sociedad, tenemos una deuda pendiente: si ya les pedimos que construyan sus alas, ahora nos toca a nosotros tener la valentía de abrirles el cielo«.
Abrazar la diversidad como riqueza
‘El Espacio de Michelle‘ trabaja para acompañar a cada niño con la intención de que «reconozca su propia fuerza, para que sea independiente y, por encima de todo, para que sea feliz», valora Lomelí. Por ello, afirma que «pasamos años trabajando juntos, fortaleciendo sus capacidades y ayudándoles a construir sus propias alas«.
No obstante, la impotencia llega al abrir los ojos ante la realidad: «De nada sirve que nosotros les enseñemos a volar si, al salir, se encuentran con un cielo lleno de candados«. En la misma línea, Mónica denuncia que «duele ver cómo la sociedad, el sistema educativo y el entorno laboral les piden que ‘se integren’, mientras mantienen las puertas cerradas con llave».
En conclusión, esta estratega empresarial recalca que «la verdadera inclusión no es un favor que se les hace a menores con discapacidad, sino que es un derecho que les pertenece: «No es solo poner una rampa, es querer que pasen; no es solo aceptarlos en un salón, es potenciar su talento; no es solo hablar de diversidad, es abrazar la diferencia como una riqueza«.






