Una discapacidad del 74% y el diagnóstico de una enfermedad autoinmune degenerativa, esclerosis múltiple y dos síndromes raros. Esos son los motivos que han aupado a Miriam Martínez (@miriammartinez_atl), atleta paralímpica, a convertirse en usuaria de una silla de ruedas.
Para convertirse en la figura inspiradora y de referencia que es hoy en día, Martínez no ha estado exenta de un profundo ejercicio de aceptar la discapacidad y comprender que, desde ese instante, la silla de ruedas iba a ser una fiel acompañante en su día a día.
Finalmente logró sobreponerse a esa ‘batalla’ mental para reconocer a la silla de ruedas el espacio que merece tener en su vida. De hecho, actualmente, Miriam es divulgadora de la discapacidad, activista de la accesibilidad y pone en valor la autonomía que otorgan estos accesorios a personas con movilidad reducida.
El reconocimiento a la silla de ruedas
Valorar la silla de ruedas es sinónimo de aceptación y, como consecuencia, de calidad de vida. Este accesorio, de acuerdo con el discurso de Miriam Martínez, no puede entenderse como «un lujo, ni un capricho, ni debería serlo»; más bien, se trata de una necesidad para personas con movilidad reducida.
Para quien vive ajeno a la discapacidad y sin limitación para poder caminar y desplazarse de forma autónoma e independiente, la silla de ruedas apenas puede tener el valor suficiente, pero, realmente, es un objeto que dispara el bienestar de sus usuarios.
«Es el habitáculo y transporte que me ha tocado elegir con mucho dolor, lágrimas e incluso a veces rabia de tener que subirme en ella para llegar a los sitios», recuerda Miriam sobre la cantidad de veces que ha lamentado y se ha frustrado por tener que auparse hasta su silla.
Además, agrega que «en esta sociedad solo se ve que si una persona es parapléjico o tetrapléjico debe o puede ir en silla de ruedas«. Sin embargo, la mirada es más amplia e incluye a más colectivos dentro de la movilidad reducida.
«Las personas que aún tenemos fuerza, como es las espasticidad, atrofias, enfermedades, varias degenerativas o mutaciones genéticas degenerativas, no están todavía preparadas para verse apoyadas en la sociedad«, lamenta Martínez en una publicación en redes sociales.
El valor de la independencia
El proceso de pasar de poder caminar o correr a ser persona usuaria de una silla de ruedas requiere de una digestión que se antoja plenamente personal e intransferible; cada individuo necesita un tiempo para comprender cómo y cuál va a ser su vida a raíz de una limitación de movilidad.
Sin embargo, la silla de ruedas se convierte en una poderosa herramienta para ser capaces de alcanzar la autonomía, la independencia y la seguridad. Así lo valora Miriam Martínez, atleta paralímpica: «Es la que me da calidad de vida, me deja poder ir sola a los sitios».
De la misma manera, la silla de ruedas es el accesorio que permite a esta deportista «no verme fuera de la sociedad, y mucho menos fuera de los planes en los que quiero estar«. Es, sin duda, «una maduración e ir a por la vida».
Igualmente, Miriam lamenta los altos costes de la silla de ruedas cuando necesitan ser adaptadas a las necesidades de cada persona con movilidad reducida: «Es una cosa bastante negativa». Ella, por su parte, indica que usa una «a mi medida» y que le insta a tener «calidad de vida para mis días«.






