La accesibilidad es uno de los conceptos más importantes para las personas con discapacidad, especialmente en el ámbito doméstico. Por ello, Ane Cáceres, terapeuta ocupacional, indica que apostar por una vivienda adaptada «permite ganar autonomía, seguridad y confianza«.
De este modo, la accesibilidad supone un salto cualitativo para el bienestar y la calidad de vida de usuarios de silla de ruedas o personas con movilidad reducida dentro de su propio hogar. Sin embargo, es una medida que beneficia a todos los colectivos sin excepción, haciendo el día a día más cómodo.
Por tanto, como indican desde la Fundación ‘Hospitalarias’, «adaptar una vivienda no es solo una cuestión de accesibilidad: es una cuestión de calidad de vida«. También es una perspectiva tanto de presente como de futuro, evitando posibles complicaciones derivadas de limitaciones de movilidad.
La accesibilidad, sinónimo de autonomía y seguridad
Ser una sociedad inclusiva y accesible comienza desde el seno de uno mismo. Y ese eje neurálgico tiene epicentro en la vivienda, que es el lugar donde más tiempo se suele estar. Adaptar un hogar según necesidades es un paso fundamental para la independencia de personas con diferentes capacidades.
Así mismo, Ane Cáceres, profesional del sector de la terapia ocupacional, asegura que «la estancia que más se suele adaptar es el baño». Esto se debe a que, generalmente, los aseos son espacios donde existe «un mayor riesgo de caída» de personas con movilidad reducida.
Por tanto, los cuartos de baño se han situado, en los últimos tiempos, en los entornos domésticos donde la accesibilidad es primordial y donde se necesita «más seguridad y apoyo físico«, insiste Cáceres en una publicación de redes sociales.
La accesibilidad, por tanto, fomenta que el entorno no se convierta en una permanente barrera que actúe como un muro inquebrantable y limite la posibilidad de ganar autonomía e independencia en el ámbito doméstico. Del mismo modo, el baño es una zona muy relacionada con la intimidad y se requiere una adaptación personal.
En consecuencia, Fundación ‘Hospitalarias’ insiste en que «tras un daño cerebral o una enfermedad que reduzca la movilidad, el entorno puede convertirse en una barrera». Por ello, aseguran que la accesibilidad está muy relacionada con un aspecto primordial: el bienestar emocional de los usuarios.
Mejorar el entorno para la calidad de vida
La eliminación de barreras en la vivienda es el paso previo a la autonomía en el hogar. Ello requiere de una serie de adaptaciones según las necesidades de los convivientes: cambiar una bañera por un plato de ducha accesible es un interesante proyecto en este sentido.
También, continuando con el baño, se debe valorar incorporar barras de apoyo o asideros, eliminar desniveles u obstáculos. Estas medidas «no mejoran sólo la funcionalidad, sino también el estado emocional de la persona, la autoestima y la sensación de control sobre la propia vida», explica Cáceres.
Por tanto, desde el área de la terapia ocupacional, Ane trabaja para valorar «las necesidades, las capacidades y el entorno de la persona para proponer adaptaciones individualizadas y realistas». Todo ello, además, sostenido en una palpable y contrastada realidad: «Cuando el entorno mejora, también lo hace la vida».






