De acuerdo con los expertos, practicar ejercicio es un factor determinante para que las personas con síndrome de Down puedan alcanzar la autonomía e independencia en su vida diaria. No obstante, antes de cada entrenamiento, se debe contar con la aprobación médica para que la actividad se realice con plenas garantías.
En este sentido, el centro ‘UC’, especializado en este colectivo, valora el ejercicio como «un motor» que cataliza el neurodesarrollo y la autonomía de individuos con síndrome de Down. De esta forma, también se fomenta el bienestar emocional y físico, tanto de los propios beneficiarios como de las familias.
Así, la evidencia científica revela que el deporte no sólo repercute en el plano físico, sino que también «potencia las funciones cognitivas, la estabilidad de las articulaciones y fomenta redes de apoyo sociales». Por tanto, se perfila como un argumento a tener en cuenta para quienes conforman ese colectivo.
Natación y ciclismo para personas con síndrome de Down
La natación y las actividades acuáticas, así como el ciclismo adaptado o estático suponen un motor que impulsa la autonomía de personas con síndrome de Down. Esto se debe a una serie de características que presentan sendas actividades y que repercuten en el bienestar.
Por su parte, la natación es un deporte con cero impacto articular: «El agua reduce la gravedad protegiendo rodillas y tobillos de laxitud ligamentosa». Además, la resistencia uniforme del agua ayuda a «tonificar músculos hipotónicos».
Del mismo modo, todas las actividades que tengan lugar en el medio acuoso podrán gozar de una resistencia segura, un aspecto que «estimula la capacidad cardiovascular sin sobrecargas físicas», que es algo esencial para personas con síndrome de Down.
Paralelamente, el ciclismo adaptado, siguiendo un movimiento guiado, «minimiza riesgos de caída y reduce las demandas de equilibrio dinámico complejo». Ese hecho llena de confianza y seguridad al usuario, lo que le permite trabajar más y mejor.
Finalmente, la estabilidad en las rodillas también es una gran ventaja del ciclismo estático: «Fortalece directamente el cuádriceps, crucial para dar soporte a las articulaciones de la pierna».
Entrenamientos de fuerza y expresión corporal
En los entrenamientos de fuerza, las personas con síndrome de Down disponen de un rango de movimiento adaptado: «Se recomienda usar bandas elásticas o poleas para evitar movimientos bruscos e indeseados». También se protege la articulación para evitar lesiones y se mejora la ergonomía.
Por su parte, los ejercicios de danza y de expresión corporal tienen una estimulación cognitiva dual: «Seguir el ritmo musical mientras se mueve el cuerpo estimula y entrena la agilidad cerebral». Se mejora, igualmente, el equilibrio, la orientación del espacio y la motricidad de una forma divertida.
Del mismo modo, se consolida la conexión social como una de las principales vías de desarrollo para alcanzar la autonomía de personas con síndrome de Down: «Se promueve un ambiente lúdico en el que se exige interactuar para potenciar la seguridad personal».
Por tanto, practicar estos ejercicios se antoja como una medida imprescindible para la independencia y seguridad de personas con síndrome de Down, siempre que se cuente «con una evaluación médica integral que garantice un entrenamiento 100% seguro«, explican desde el Centro ‘UC Down’.






