Querer ser una sociedad donde la inclusión sea epicentro y eje neurálgico es una tarea que no se antoja sencilla, pero que sí es posible. Para ello, desde el seno del colectivo de la discapacidad hacen hincapié en la necesidad de normalizar esta condición desde edades tempranas.
De esta manera, a medida que los más pequeños vayan creciendo y quemando las diferentes etapas de la vida, no será necesario volver a recalcarles el concepto de inclusión sobre la personas con discapacidad porque ya tendrán interiorizado ese ejercicio, que lo irán traspasando a generaciones venideras.
En este sentido, Rafael Fuentes, un joven andaluz con tetraplejia debido a un tumor congénito, ha recordado recientemente la necesidad de permitir que la inocencia de los más pequeños sea el impulso por el que se acerquen a preguntar, indagar y buscar respuestas ante una persona con discapacidad.
Inculcar la discapacidad a los más pequeños
La inclusión es un término que debe ser entendido como una actitud ante la vida «que permite integrar a todos los individuos como iguales dentro de una sociedad», estiman desde la Organización Nacional de Ciegos Españoles -ONCE-.
Además, de la misma manera, la entidad indica que «es necesario contemplar la educación inclusiva como un proceso y no como un camino con final», No se trata de una carrera con una línea de meta, sino que debe prolongarse en el tiempo para que perdure entre las generaciones venideras.
De este modo, Rafael Fuentes (@rafafuentes_96), desde su rol como persona con discapacidad y usuaria de una silla de ruedas, subraya que «los niños no ven diferencias, hasta que alguien se las enseña»; mientras, viven a merced de su inocencia, que les guía hasta obtener respuestas con naturalidad.
Y esto se debe a que «los niños no nacen con prejuicios, sino que los aprenden». Por ello es de vital importancia la actitud y los comportamientos de la familia, que son sus principales referentes, respecto al trato y al fomento de la inclusión del colectivo de la discapacidad.
En esta línea, Fuentes asegura que «no duele que los niños no se acerquen, duele lo que aprenden cuando no se acercan». La diferencia no está en los pequeños, sino en el entorno. «No le enseñes a apartarse; enséñale a acercarse«, invita Rafa, un joven andaluz con discapacidad.
La educación, un factor clave en la inclusión
La inclusión de personas con discapacidad va íntimamente ligada con la necesidad de inculcar una correcta educación desde edades tempranas. De hecho, de acuerdo con la UNESCO, «la educación es una oportunidad que encierra el potencial de transformar vidas«.
Así mismo, los principales índices de la educación inclusiva se centran en la inclusión social y académica, por lo que se deben seguir y cumplir una serie de parámetros, como garantizar el acceso a una educación de calidad para todos y todas sin importar su discapacidad o cualquier otra condición.
También, la ONCE menciona la oportunidad de atender a todos los alumnos sin hacer discriminación de características e incluyendo a todos en el aula, «sin necesidad de crear programas especiales». Del mismo modo, la entidad también ruega la participación de agentes externos, como familias, gobiernos o medios de comunicación.







