Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario de la Seguridad Social y divulgador especializado en pensiones, ha puesto números a la decisión más difícil para quien se queda sin empleo pasados los 52 años: agotar el subsidio para mayores de 52 años hasta la edad ordinaria o adelantar la jubilación y cargar de por vida con los coeficientes reductores. Lo ha explicado en su canal de YouTube, en declaraciones recogidas el 3 de agosto de 2026 por el medio especializado NoticiasTrabajo: «optar por el subsidio solo empezaría a ser económicamente rentable pasados 7 años después de nuestra jubilación».
480 euros de subsidio frente a 1.300 de pensión anticipada
El cálculo que maneja el funcionario parte de un caso concreto: un trabajador al que le quedan dos años para cumplir la edad ordinaria y que puede elegir entre seguir cobrando 480 euros al mes de subsidio o retirarse ya con una pensión anticipada de 1.300 euros. Si espera, su pensión sería de 1.550 euros.
Sobre el papel la espera parece la opción prudente. Los números dicen otra cosa. En esos dos años el subsidio deja 11.520 euros, mientras que la pensión anticipada suma 36.400 euros contando las pagas extraordinarias. La brecha son, en sus propias palabras, «esos casi 25.000 euros que se dejarían de percibir».
«Por norma general siempre será más rentable solicitar la jubilación anticipada cuando el adelanto es de dos años con respecto a la edad ordinaria»
El punto de equilibrio no llega hasta los 75 años
La pensión de quien espera es más alta, pero la ventaja mensual es modesta: 250 euros. A ese ritmo hacen falta 99 meses para recuperar lo que no se cobró durante los dos años de subsidio. Muñoz Cuenca lo redondea en «9 años» y traslada la cifra a una edad concreta: «a partir de los 75 años es cuando compensa económicamente no haber solicitado nuestra jubilación anticipada». Aplicado a «la pensión media de nuestro país, el punto medio de compensación se sitúa en torno a los 9 años».
Es decir, quien renuncia a adelantar la jubilación está haciendo, sin saberlo, una apuesta sobre su propia longevidad. Cabe recordar que el subsidio se extingue automáticamente el día en que se alcanza la edad de jubilación, de modo que la ventana para decidir es corta y no se reabre.
Los casos en los que sí conviene aguantar
El propio funcionario evita convertir su ejemplo en una regla universal. Admite que la comparación es «más compleja y requiere hacer números de cada caso en concreto» y señala el supuesto que le da la vuelta al resultado: cuando la distancia entre la pensión anticipada y la ordinaria es pequeña, «entonces es mejor cobrar el subsidio».
A favor de esperar juega un detalle que muchos beneficiarios desconocen: mientras se percibe la ayuda, el SEPE cotiza por jubilación tomando como referencia el 125% de la base mínima, fijada en 1.780,50 euros mensuales para 2026. Esa cotización engorda la futura pensión, aunque no sirve para todo: no acredita la carencia de acceso, un matiz decisivo para quien llega a los 65 sin los 15 años cotizados.
Antes de hacer cuentas conviene asegurarse de que el subsidio está al alcance, porque se puede tener 30 años cotizados y quedarse fuera por el requisito de los seis años de cotización por desempleo. Y una vez concedido, mantener la ayuda exige cuidar cada trámite: el SEPE dispone de cuatro años para reclamar lo cobrado de más. Con todo, la advertencia de Muñoz Cuenca apunta a lo esencial: la decisión no se juega en el importe mensual, sino en cuántos años se va a cobrar.





